El 71% de las pymes no cubre sus vacantes con el paro al 12%
Septiembre de 2023. España acumula alrededor de
150.000 ofertas de empleo sin cubrir, según el INE, y la tasa de paro roza el 12%. La paradoja laboral es de manual: el país lidera el desempleo de la Unión Europea y a la vez registra máximos de vacantes. Cepyme lo puso negro sobre blanco en su informe
El reto de las vacantes en España: el
71% de las pymes tiene problemas para cubrir puestos y, por primera vez en diez años, hay aproximadamente una vacante por cada 100 asalariados.
La patronal avisa de que la cifra real podría ser «notablemente superior», porque medir las vacantes en las empresas pequeñas es un ejercicio de aproximación. El problema no entiende de sectores: recorre del primario al terciario, con mayor intensidad en los perfiles técnicos y de servicios, y se extiende igualmente a industria y construcción.
Por qué hay paro y vacantes al mismo tiempo
Ninguna de las causas que maneja el informe es excluyente. La despoblación, el soporte familiar y, en algunos casos, los subsidios reducen la urgencia por aceptar una colocación. La intermediación pública tampoco ayuda: los servicios de empleo colocan a
menos del 5% de los demandantes. Y por delante de todo, la formación, con una educación pobre en perfiles tecnológicos y poco acostumbrada a la formación continua.
Ocho de cada diez empresas no encuentran personal con la cualificación exacta que piden.
El resultado es un mercado donde sobran candidatos y faltan los candidatos concretos. Con un detalle que descoloca: España tiene más proporción de titulados superiores que otros países comparables, pero muchos acaban en tareas no cualificadas.
La oferta que pide un director y paga un becario
Quienes buscan empleo citan ejemplos como estos: una oferta para licenciado en económicas con cinco años de experiencia, manejo de SAP, gestión de equipos, inglés, francés y alemán, orientación comercial, coche propio y jornada de 9 a 19, por
1.800 euros brutos al mes. O ingeniero informático con diez años en arquitecturas backend, Oracle, microservicios y media docena de tecnologías más, por
40.000 euros brutos anuales. También se mencionan procesos para puestos de contabilidad que exigen carrera universitaria, tres años de experiencia, un ERP concreto y Excel avanzado para acabar registrando facturas.
Hay quien ve en esos anuncios una forma de dejar constancia de que se busca gente sin intención de contratar en esas condiciones. Y hay quien sostiene lo contrario: que el problema es que la empresa no puede pagar más porque los márgenes no dan.
¿Por qué tantas ofertas no publican el salario?
Porque el sueldo no aguanta la comparación, sostienen quienes rastrean portales de empleo a diario. La regla que circula es simple: una oferta sin banda salarial es una oferta con salario pobre, y el profesional que ya tiene trabajo ni se molesta en enviar el currículum. Según relatan, en bastantes casos la cifra aparece tarde, en una llamada, y suele quedar por debajo de lo que el puesto exige. También señalan el fenómeno inverso: las mismas vacantes se republican cada pocas semanas, lo que a su juicio apunta a que el problema no es de visibilidad sino de condiciones.
Del bruto al neto: qué se queda por el camino
Según un cálculo que circula en el debate, para que un asalariado cobre 1.000 euros netos al mes, la empresa desembolsa cerca de 500 euros adicionales en cotizaciones, el trabajador aporta otros 300 a la Seguridad Social, más unos 200 de IRPF y alrededor de 50 de formación y desempleo: cerca de
1.050 euros que se quedan por el camino. Quienes defienden ese cálculo extraen una conclusión incómoda: se puede trabajar a jornada completa y seguir siendo pobre. El desglose completo, con cada concepto separado, da una diferencia que sorprende a quien solo mira la nómina.
Jóvenes, universitarios y el desajuste de perfiles
La demografía empuja en la misma dirección. Desde 2003, el número de jóvenes que trabajan o buscan empleo ha caído un
31%:
761.000 menos, a un ritmo de 38.000 al año. El envejecimiento y la prolongación de los estudios explican buena parte del descenso. A la vez, varios participantes sostienen que la elección de carrera no acompaña la demanda: sobrarían administrativos y faltarían ingenieros, oficios y perfiles industriales, con ciclos formativos de construcción e industria poco poblados frente a unas ramas administrativas que siguen llenando aulas.
Empleo fraccionado y trabajo que no se declara
Hay quien apunta a la forma que ha tomado el empleo. Según esta lectura, la afiliación marca récord mientras las horas trabajadas caen: más contratos, menos jornada. El resultado serían medias jornadas y sueldos anuales que no llegan al salario mínimo, poco atractivos frente a la alternativa de esperar. A eso se suma la actividad sumergida: hay quien trabaja de facto y figura como demandante de empleo, lo que infla la estadística de paro y a la vez vacía de candidatos las ofertas formales.
Con esos mimbres, el diagnóstico se atasca siempre en el mismo punto. Si el problema es el salario, la formación o la regulación, cada cual coloca la pieza donde le conviene. Lo que no discute nadie es que hay puestos que llevan meses abiertos sin que aparezca el candidato dispuesto a aceptarlos en esas condiciones.