El Miura 1 voló, amerizó y no se pudo recuperar del Atlántico
El Miura 1 voló. Es el primer lanzamiento de un cohete español de nueva generación y ese es el único punto donde hay acuerdo. El aparato amerizó en el océano Atlántico, no se ha recuperado y su techo real quedó lejos de los
80 kilómetros que figuraban como objetivo declarado de la misión. Para unos, eso es un fracaso sin matices. Para otros, es exactamente lo que estaba previsto.
Qué hizo el Miura 1 y dónde acabó
El Miura 1 es un cohete
suborbital: por definición no iba a alcanzar órbita, ni lo pretendía. Salió, voló y amerizó en el Atlántico. Ahí se acaba la parte limpia. El vehículo
se perdió y no se puede recuperar, un detalle que no equivale a un fallo de vuelo, pero que deja el estreno sin el aparato en la mano para diseccionarlo.
El objetivo eran 80 kilómetros de altura. Hay quien sostiene que el cohete se quedó en unos
45 kilómetros. La diferencia es la que sostiene la bronca. Si el listón es el techo prometido, la misión se quedó a medio camino; si el listón es validar sistemas en un primer intento, la lectura cambia por completo.
¿Se puede hablar de éxito en el primer vuelo?
Existe una explicación técnica que rebaja el drama: al tratarse de un lanzador suborbital, los parámetros de trayectoria se retocaron antes del despegue para reducir riesgos, precisamente por ser el estreno. Bajo ese prisma, el vuelo cumplió dentro de los márgenes previstos y la prueba se da por satisfactoria.
La objeción es igual de directa. Mover el objetivo a mitad de camino para poder celebrar el resultado no es un argumento, es recolocar el listón. Para quienes ven ahí un listón recolocado, el optimismo oficial tiene un problema de aritmética. Y hay otro cálculo que circula para poner las cosas en perspectiva: los
22.000 millones destinados a políticas de igualdad frente a los 10.000 millones que costó el programa del telescopio James Webb.
Quién paga el Miura: dinero público con gestión privada
PLD Space es una empresa privada. Ese es el punto de partida y también el origen del malentendido: parte del público sigue tratando el lanzamiento como si fuera un programa estatal. El Estado no diseña ni opera el cohete.
Otra cosa es la factura. Según el desglose que se maneja, de una ronda de
25 millones de euros, unos 23 salieron de dinero público; el CDTI es un organismo público y único accionista de Innvierte, el vehículo que canaliza ese apoyo. A eso se suma, según los datos que se citan en el debate, una ronda posterior de 65 millones y
320 reservas de lanzamiento ya contratadas, con una plantilla de 115 empleados. La discusión, por tanto, no es si hay dinero público, sino cuánto y con qué retorno.
El listón de SpaceX y el tamaño real del proyecto
La comparación con SpaceX se repite hasta la extenuación y funciona mal en las dos direcciones. En el debate se recuerda que en sus inicios Elon Musk puso unos
180 millones procedentes de la venta de PayPal, de los que 100 fueron a SpaceX y 70 a Tesla, y que su primer cohete reventó más de una vez antes de posarse con éxito. Años después acumulaba contratos de la NASA por valor de miles de millones.
Ese es el problema de medir a PLD Space con esa varilla: la escala no tiene nada que ver. Hay quien sostiene que España está entre la decena de países capaces de hacer flotar, sumergir y volver a sacar un submarino, y entre los pocos que logran lanzar un cohete sin que estalle al despegar. Puede ser cierto y no quitar ni una crítica.
El reflejo de ridiculizar lo que se fabrica aquí
Una parte del debate no va del cohete, sino de la manía de despreciar cualquier cosa etiquetada como española, y de la etiqueta despectiva que se le coloca a todo lo que salga de una empresa nacional. La respuesta contraria es razonable: criticar un lanzamiento fallido no es acomplejamiento, es lo mínimo que se le pide a quien gestiona dinero ajeno.
Qué viene después: el Miura 5
El siguiente objetivo es el Miura 5, un cohete con capacidad orbital. Ahí está el mercado jugoso. Los lanzadores pequeños tienen su hueco —unos minutos de caída libre en parábola bastan para determinados experimentos—, pero el negocio de verdad está en poner satélites en órbita.
Si el Miura 5 sale adelante, España se consolida en ese club reducido de países con capacidad de lanzamiento propia. Si no sale, quedará un primer vuelo, un cohete en el fondo del Atlántico y una discusión que nadie va a cerrar: la de si aquello fue un éxito o una forma elegante de fallar.