El fondo soberano ruso se agota y la guerra entra en su fase decisiva
Según un cálculo que circula en los análisis más citados, el Fondo Nacional de Bienestar ruso se agotará en doce meses si se mantiene el ritmo de gasto actual. La cifra que se maneja es contundente:
4.400 millones de dólares mensuales de quema. Con ese ritmo, el colchón financiero que Moscú acumuló durante años de superávit se desvanecería. Una tesis que vertebra el debate es que Rusia afronta una derrota estratégica o un cataclismo terminal, y que la ventana para salir con una renta per cápita de 14.000 dólares se cierra. A partir de ahí, la discusión se ramifica: ¿colapsa antes el frente o la economía?
Qué dice el tuit que originó el debate
El punto de partida es un mensaje difundido por un analista en Kiev: «
At the current burn rate of $4.4 billion/month, Russia's National Wealth Fund will be gone in 12 months». La traducción es simple: si el gasto militar se mantiene, el fondo desaparece en un año. La conclusión del tuit es que si Estados Unidos financia a Ucrania ahora, Putin no gana la guerra.
Ese cálculo se cruza con otros datos que aparecen en la discusión. Según el exministro de Finanzas ruso Mijaíl Zadornov, la liquidez del fondo pasó del
7,4% del PIB a menos del 2% en enero de 2025. Los activos líquidos —oro y divisas— cayeron un
24% respecto a principios de 2024, hasta los 3.800 billones de rublos. La cifra total del fondo se mantuvo en unos 11.000 billones de rublos (118.000 millones de euros), pero la parte disponible para tapar agujeros se estrecha.
El oro del fondo: ¿se vende o se recicla?
Aquí el debate se vuelve técnico. Una parte sostiene que el oro del fondo ya estaba en el banco central y que se ha vendido en el mercado doméstico o a China. Otra corriente replica que el oro que se vende al mercado interior o a China procede de la producción minera, no del fondo soberano. El viceministro de Finanzas, Vladimir Kolychev, citado en el material, justifica las operaciones del banco central en el mercado doméstico «considerando que la demanda de oro de los hogares como medio de ahorro ha aumentado en los últimos años».
Los datos más recientes que se manejan apuntan a que los activos líquidos del fondo, incluyendo oro y yuanes, han caído un
55% desde principios de 2022, hasta 51.600 millones de dólares. Una intervención posterior matiza: a 1 de noviembre los activos líquidos son de 51.000 millones, y han crecido desde el mínimo de 36.000 millones registrado el 1 de junio. Los activos totales alcanzan los 148.000 millones. La discrepancia entre fuentes es parte del problema: no hay consenso sobre la velocidad a la que se vacía el fondo.
La guerra de desgaste y el factor humano
El otro gran eje del debate es el coste humano. Una tesis recurrente sostiene que Rusia no necesita bienestar porque es «una sociedad de esclavos» a la que le basta con vodka barato y salchichas mediocres. Otra variante, más siniestra, afirma que Putin está matando deliberadamente a hombres de entre 45 y 60 años para no pagar pensiones: «
Pootin esta deliberadamente matando a 2.000.000 millones de hombres de entre 45 a 60 años de esa manera no tendrá que pagar esas pensiones». La cifra está mal escrita en el original, pero la idea es que las pérdidas humanas no cuentan porque la vida no vale nada en Rusia.
Frente a eso, hay quien recuerda que las pérdidas materiales sí importan. Rusia compra munición a Corea del Norte, vende petróleo a China y lanza a sus tropas una y otra vez hasta avanzar un puñado de metros. La pregunta que sobrevuela es qué quedará de Rusia cuando pierda la guerra. «
No se hasta que punto el divino pudin va a destrozar su imperio», resume un participante.
El estado de terror como herramienta de control
Un análisis que aparece en el material sostiene que al ruso medio le importa poco la economía: lo que le preocupa es que lo llamen a filas. «
Ya lo de llegar a final de mes se arreglará aunque sea robando lavadoras». La referencia a las lavadoras no es casual: es un símbolo recurrente del expolio en los territorios ocupados. La conclusión de esa corriente es que el Kremlin no ha inventado nada nuevo: el estado de terror es tan viejo como el propio Estado.
La contraposición es que Ucrania puede desmotivarse al ver que Occidente no responde a sus demandas de armas y dinero. Hay quien sostiene que las élites occidentales no están dispuestas a asumir el coste de una derrota rusa. El resultado es un equilibrio inestable: Rusia quema reservas, Ucrania quema paciencia.
El colapso que nunca llega
La parte más ácida del debate se centra en las predicciones fallidas. Desde 2022 se anunció el colapso ruso en múltiples ocasiones: la bancarrota, la muerte de Putin por cáncer, la falta de chips para lavadoras. Ninguna se cumplió. «
Qué pasaron ya los 12 meses ANAListo?», pregunta un mensaje. La ironía es que el fondo sigue ahí, más pequeño, pero ahí.
Eso no significa que la economía rusa sea sólida. Significa que aguanta más de lo que muchos analistas pronosticaron. La pregunta relevante no es si colapsa, sino cuándo y a qué coste. Con el gasto militar disparado y los ingresos por petróleo y gas cubriendo el déficit, la sostenibilidad depende de que el precio del crudo se mantenga. Si cae, el agujero se agranda.
La predicción más repetida es que Rusia no logrará avances estratégicos en otros doce meses de guerra. Solo quemará hombres y material. Justo cuando la OTAN parece entrar en modo rearme y el esfuerzo de producción occidental llegue al frente, el ruso estará en su hora más negra. La derrota rusa es inevitable, dice la tesis. El problema es que esa frase se lleva escribiendo desde el primer día.