Un cálculo viral sostiene una caída del 89% del poder adquisitivo desde 1975
Un cálculo difundido en redes sostiene que el
poder adquisitivo del salario medio español se ha desplomado un 89% desde 1975. La cifra, obtenida ajustando un salario estimado de 15.000 euros anuales de entonces por una inflación acumulada del 1.410%, arroja que aquel sueldo equivaldría hoy a 226.500 euros, frente a los 25.000 euros anuales que se estiman para 2025. El resultado ha encendido el debate: mientras unos lo celebran como la prueba definitiva del empobrecimiento, otros señalan errores de bulto en la conversión de pesetas a euros y en el propio ajuste.
El cálculo que desata la polémica
El punto de partida es un salario medio bruto de 15.000 euros en 1975, equivalente a unas 90.000 pesetas. Aplicando la inflación acumulada que el INE y diversos análisis sitúan entre el 1.294,8% y el 1.474% hasta 2024, y sumando un 2% adicional para 2025, se concluye que 1 euro de 1975 equivale a 15,10 euros actuales. De ahí sale la comparación: 226.500 euros frente a 25.000. El cociente, 0,11, es decir, un 11% del poder adquisitivo original.
La primera grieta aparece en la conversión. El tipo de 166,386 pesetas por euro solo existió durante unos meses de 2001-2002, no en 1975. Aplicarlo medio siglo atrás es un anacronismo que invalida la base del cálculo. Como resume un participante: «1 euros son 166,386 pesetas sólo por unos meses en 2001-2002. No existe cotización entre euro y peseta los siguientes 23 años». Otro añade que el marco ganaba un 17% anual a la peseta, lo que multiplicaría el desfase.
El salario de 1975: ¿22.000 pesetas o 90.000?
La cifra de partida también se cuestiona. Frente a las 90.000 pesetas anuales (7.500 mensuales) que implica el cálculo, varios intervinientes manejan datos muy distintos. Uno afirma que «el salario medio 1975 era de 22.000 pesetas, 132 euros» anuales, lo que daría 1.833 pesetas al mes. Otro lo eleva a 264.000 pesetas anuales en 1974. La horquilla es enorme y ninguna fuente oficial exacta respalda las estimaciones.
Con esos mimbres, el 89% se desmorona. Un análisis más prudente, partiendo de 264.000 pesetas anuales en 1974 y comparando con el salario medio de 2024 (27.972 euros), sitúa la pérdida real en torno al 15-20%. Sigue siendo un deterioro notable, pero muy lejos del apocalipsis. Como ironiza un participante: «Una pesetas nominal de 1975 es fácil que valga hoy 9 veces menos. Pero es obvio que en 1975 no se vivía en términos reales nueve veces mejor porque entonces un conductor de autobús de 1975 habría vivido en un ático con servicio en Velázquez».
La vivienda, el factor que el IPC no recoge
Más allá del error aritmético, el debate deriva hacia un terreno donde los datos duelen de verdad: la vivienda. El IPC no incluye el precio de la vivienda en propiedad, solo la imputación de alquileres, lo que distorsiona la percepción del coste de vida. «El IPC es una auténtica estafa», sostiene un interviniente, que critica que se excluyan «cosas tan importantes como vivienda energía y cosas del día a día que no paran de subir».
La comparación generacional es implacable. Hace cincuenta años, un trabajador sin estudios podía comprar un piso de obra nueva y pagarlo en pocos años, mantener una familia numerosa con un solo sueldo y permitirse productos frescos de calidad. Hoy, una pareja con dos carreras apenas accede a un zulo hipotecado a décadas. «Un conocido mío tenía un BMW serie 3 en aquella época y le veíamos casi como Amancio Ortega. Ahora un BMW serie 3 lo tiene cualquier Cani de barrio», ilustra otro.
El mercado laboral: menos horas, menos sueldo
El análisis se amplía al empleo. Se señala que la productividad española ha caído más de un 7% desde 2000 y que las horas totales trabajadas siguen en descenso. El resultado es un reparto de la miseria: más de siete millones de trabajadores no alcanzan el SMI anual porque sus jornadas son parciales no voluntarias. El salario medio efectivo ronda los 23.000 euros, frente a los 27.972 euros de media a jornada completa.
La conclusión que se impone es que el empobrecimiento existe, pero no en la escala que sugiere el titular del 89%. La cifra espectacular nace de un cálculo defectuoso; la realidad, más gris, apunta a una pérdida de poder adquisitivo de entre el 15% y el 20% en términos reales, agravada por el coste de la vivienda y la precariedad laboral. ¿Basta ese deterioro para explicar el malestar social, o necesitamos la exageración para que nos duela?