Capgemini propone 748 despidos en España e Inetum otros 425
El sector tecnológico español recibe un ajuste laboral con la inteligencia artificial como telón de fondo. Capgemini ha comunicado su intención de despedir a
748 trabajadores en España, mientras que Inetum ha anunciado otros
425 despidos. En total,
1.173 puestos de trabajo en dos de las principales consultoras del país, según los datos que manejan los afectados. La noticia ha saltado a los telediarios de máxima audiencia, y el sector, acostumbrado a vender crecimiento infinito, empieza a mirar por encima del hombro.
La reacción no se ha hecho esperar. Hay quien sostiene que estos despidos no son más que una
purga de plantillas hinchadas durante la pandemia, ahora disfrazada de revolución tecnológica. Otros apuntan directamente a la IA como el verdugo que llevan años anunciando. Y unos terceros, más cínicos, recuerdan que en consultoría siempre ha existido la figura del
banquillo: gente sin proyecto asignado esperando a que les llamen. La diferencia es que ahora se puede decir que es por la IA y quedar bien.
¿Es la IA la causa real de los despidos en consultoras?
La respuesta corta es que nadie lo sabe con certeza. La respuesta larga es que la IA es la excusa perfecta para hacer lo que ya se iba a hacer de todas formas. En el sector hay consenso en que las plantillas de las grandes consultoras crecieron de forma descontrolada durante los años del
coronacirco, cuando cualquier proyecto se aprobaba sin mirar el coste. Ahora toca recortar, y la IA ofrece un relato vendible: no despedimos por crisis, despedimos porque somos
más productivos.
El cálculo que manejan algunos analistas es que la productividad real no ha subido lo suficiente como para justificar 1.173 despidos. La IA ayuda en tareas rutinarias, genera código repetitivo, documenta, pero se atasca en lo complejo. Quien ha programado de verdad lo sabe: la IA es un buen martillo neumático para lo sencillo y un desastre para lo que requiere entender el negocio. El problema es que los que mandan no han escrito una línea de código en su vida y se creen los cuentos de las consultoras.
El impacto en los juniors y en los estudiantes de DAM/DAW
El mensaje para los que están estudiando o acaban de terminar es incómodo. La demanda de perfiles junior no va a desaparecer, pero se va a estrechar. Las empresas siguen contratando novatos, pero no para que solucionen problemas, sino para formarlos. Con IA o sin ella, un junior no vale para tomar decisiones el primer día. La diferencia es que ahora hay menos sitio en la cola.
Lo que sí cambia es el perfil del trabajo. El picateclas que solo picaba código tiene los días contados. El que se convierte en
supervisor de agentes IA, que revisa lo que escupe el modelo, corrige errores y pone en producción, ese tiene futuro. La experiencia vuelve a valer dinero. Los que llevan años en el sector y han hecho los deberes tienen ventaja. Los que empezaron esta década, menos.
La sombra de la deslocalización y el talento importado
Hay un factor que no sale en los titulares pero que está en boca de todos: la deslocalización. Las consultoras llevan años moviendo trabajo a India, Latinoamérica y centros de bajo coste. La IA acelera esa tendencia porque permite automatizar parte del trabajo que antes se hacía aquí. El resultado es que el trabajo que se queda en España es cada vez más especializado y menos numeroso.
A esto se suma la llegada de talento extranjero, atraído por salarios que, aunque bajos para el estándar europeo, son competitivos para sus países de origen. El efecto sobre los salarios locales es el de siempre: presión a la baja. No es una conspiración, es economía básica. Cuanta más oferta de trabajadores dispuestos a aceptar menos, más difícil es pedir más.
¿Qué opciones le quedan a un programador en España?
Las opciones que se barajan en el sector son tres: especializarse, opositar o cambiar de sector. La primera es la más obvia: cuanto más difícil sea sustituirte, más seguro estás. La segunda, opositar, tiene un problema: si miles de programadores despedidos toman la misma decisión, la competencia se dispara. La tercera, cambiar de sector, es la más drástica y la que muchos descartan porque no quieren empezar de cero.
La opción de aguantar hasta el despido y cobrar la indemnización también tiene sus defensores. Con 20 días por año trabajado y un máximo de 12 mensualidades, un despido objetivo puede suponer un colchón considerable para quien lleva más de una década en la empresa. Para los que llevan menos, el colchón es más bien una manta fina.
El sector tecnológico español afronta su primera gran prueba de fuego con la IA como telón de fondo. Los despidos de Capgemini e Inetum son solo el principio, o eso temen muchos. La pregunta no es si la IA va a cambiar el trabajo, sino quién va a quedarse fuera cuando termine de cambiarlo. Y si algo enseña la historia de la tecnología, es que los ajustes siempre los pagan los mismos.