¿Qué ha conseguido realmente Giorgia Meloni en inmigración?
La premier italiana llegó al poder prometiendo mano dura contra la inmigración irregular. Su buque insignia era un centro de deportación en Albania, un plan que pretendía enviar allí a los rescatados en el Mediterráneo mientras se tramitaban las solicitudes de asilo. Pero la justicia italiana paralizó las deportaciones por no ajustarse a la normativa europea. Ahora Europa ha avalado ese modelo de externalización —con el voto en contra de España—, pero la pregunta sigue en el aire: ¿servirá de algo?
El problema de fondo es que el relato de la derecha dura choca con la realidad institucional. Meloni, aupada por VOX en las pasadas elecciones europeas, se encuentra atrapada entre su base, que clama por deportaciones masivas, y los tribunales que le recuerdan que Bruselas sigue marcando las reglas. El resultado es un espectáculo de frustración: la misma agenda supuestamente globalista que denunciaban ahora la aplican, atados de pies y manos.
De la teoría de la conspiración al gobierno real
Lo que hace quince años se tachaba de teoría conspirativa —que Europa sería un vertedero migratorio— hoy se discute en términos de gestión. Pero la gestión se ha topado con la burocracia. El plan de Meloni era tan sólido como el permiso de un juez. Ahora, el Parlamento Europeo, dominado según algunos por las ONG y sus leyes progresistas, sigue marcando la agenda. Ironías de la política: los mismos que prometían acabar con el sistema ahora negocian dentro de él.
Al final, lo que queda es el espectáculo. Una derecha que prometía mano firme y se ha encontrado con la misma burocracia que decía combatir. Y mientras, el debate sigue enredado entre acusaciones de traición y una realidad que no termina de cuadrar con los eslóganes.