La ley de nietos y el sujeto soberano (Ignacio Camacho en El ABC)

La ley de nietos y el sujeto soberano (Ignacio Camacho en El ABC)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La tramitación de la ley de nietos mediante instrucción ministerial, en lugar de un proceso parlamentario, levanta sospechas sobre su transparencia y su potencial influencia en el cuerpo electoral. La ampliación del cuerpo electoral es un asunto serio, y más cuando se hace por la puerta de atrás.

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La tramitación de la ley de nietos mediante instrucción ministerial, en lugar de un proceso parlamentario, levanta sospechas sobre su transparencia y su potencial influencia en el cuerpo electoral.

¿Un censo a medida?

La ampliación del cuerpo electoral es un asunto serio, y más cuando se hace por la puerta de atrás. La llamada ‘ley de nietos’, que en realidad es una modificación de otra norma, se ha tramitado a través de una instrucción ministerial. Esto ha hecho que el Tribunal Supremo haya tenido que intervenir, al menos por ahora, para suspender sus efectos. La preocupación principal es que más de dos millones de personas puedan incorporarse de golpe al censo electoral. Esto, por simple respeto a las reglas del juego, exige una transparencia que el método elegido no parece ofrecer.

Dudas sobre el proceso

La oposición ha expresado su inquietud, y no sin motivo. No se trata solo de cuántos de los nuevos nacionalizados votarán o a quién, sino del propio proceso. Ampliar el número de votantes mediante un atajo administrativo, saltándose el control del Congreso, hace que surjan dudas razonables sobre la idoneidad y, sobre todo, sobre el propósito real de una tramitación tan apresurada. No es la primera vez que se cuestiona la limpieza legislativa de este mandato; ya empezó con una amnistía negociada con sus beneficiarios.

La soberanía en juego

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene antecedentes que invitan a la desconfianza preventiva. Desde el incumplimiento de obligaciones presupuestarias hasta el sesgo partidista de la Abogacía del Estado y la Fiscalía, pasando por el uso abusivo de decretos para esquivar la falta de mayoría, hay demasiadas evidencias de un concepto poco escrupuloso de la formalidad institucional. El Supremo no juzga intenciones, sino la conformidad a derecho de las órdenes. Y en este caso, está en juego una posible alteración del sujeto de la soberanía. Es legítimo preguntarse por qué se debería permitir que cientos de miles de personas, sin residencia previa en España, tengan derecho a votar nuestros asuntos.

Datos clave
  • Dos millones de personas podrían incorporarse al censo electoral.
  • La tramitación se ha realizado mediante una instrucción ministerial.
  • El Tribunal Supremo ha intervenido suspendiendo los efectos.
  • Se cuestiona la transparencia y el propósito de la medida.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Eric Finch

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La ley de nietos y el sujeto soberano​

12/09/2026

Ignacio Camacho-ABC​

  • La ampliación del cuerpo electoral afecta de lleno a las reglas de juego. Y exige un proceso transparente que garantice su respeto

Cada vez que el Gobierno acaba en el Supremo pierde. Las salas de lo Penal y de lo Contencioso se han erigido –para eso están– en el último bastión de la legalidad democrática. La reacción del Gobierno ante esa cadena de reveses consiste en acusar a los magistrados, y de paso a los de la Audiencia Nacional y a los de la jurisdicción ordinaria, de participar en una conspiración jurídico-mediática. Esa deslegitimación del sistema judicial es una irresponsabilidad que pagaremos cara; conduce a un conflicto de poderes donde el ejecutivo pretende enfrentar a los intérpretes de la ley con los de la voluntad ciudadana. Un escenario clásico de las derivas autoritarias.

El último choque, por ahora, afecta a la llamada ‘ley de nietos’, en realidad una modificación subrepticia de otra norma efectuada mediante una instrucción ministerial a espaldas del Congreso. Aunque el Alto Tribunal no haya entrado aún en el fondo del asunto y se limita por el momento a dejar en suspenso sus efectos, existen motivos para sospechar de su impacto sobre el censo y por tanto de una maniobra para influir en las elecciones, al menos en grado de intento. Por simple garantía de respeto a las reglas de juego, la posibilidad de que más de dos millones de personas se incorporen de golpe al cuerpo electoral exige una transparencia que está muy lejos de ofrecer el método discrecional escogido para acelerar el proceso.

La inquietud de la oposición ante una operación de este calibre tiene lógica al margen de la eventual proyección cuantitativa en el resultado. No hay modo de saber cuántos de los nuevos nacionalizados votarán, ni el sentido de su sufragio. Sin embargo, la idea de ampliar su número mediante un atajo administrativo unilateral y eludiendo el control parlamentario permite albergar dudas razonables sobre la idoneidad –y sobre todo sobre el propósito real– de un trámite a todas luces precipitado. La limpieza legislativa no es la característica más sobresaliente de un mandato que empezó por una amnistía redactada mano a mano con sus beneficiarios. Y el presidente ya tiene en el currículum una tesis doctoral plagiada y dos conatos de pucherazo orgánico.

La suspicacia de la opinión pública viene de las prisas. Los antecedentes del presidente aconsejan enfocar la cuestión con desconfianza preventiva: desde el incumplimiento de la obligación presupuestaria al sesgo partidista de la Abogacía del Estado y de la Fiscalía, pasando por el anómalo abuso del decreto como fórmula para esquivar la falta de mayoría, hay demasiadas evidencias de su concepto poco escrupuloso de la formalidad institucional y de la pulcritud política. Pero el Supremo no puede ni va a juzgar intenciones; su papel es el de examinar la conformidad a derecho de la orden dictada por una dirección general del Ministerio de Justicia. Un veredicto imprescindible cuando está por medio una posible alteración del sujeto de la soberanía.

En suma: ¿por qué habríamos de permitir que cientos de miles de argentinos, cubanos o bolivarianos tengan derecho a votar nuestros asuntos sin perder el de votar los suyos y cuando ni siquiera han residido un día de sus vidas en España?
 
 

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