Barbie supera 1.180 millones y entierra el «go woke, go broke»
Frente a una sala de doscientas butacas, un espectador contaba cuarenta personas para la última de Nolan y una cola para Barbie que, aseguraba, no había visto jamás, ni con el primer Avatar. Resume el verano mejor que cualquier informe: una película sobre una muñeca de plástico, con
145 millones de presupuesto, se ha comido el mantra que media internet repite como un rosario. Eso de que lo «woke» no vende. Lo «woke», esta vez, ha ido directo a la caja.
El marcador que abrió el asunto era contundente. Barbie cubrió los gastos de marketing en su
tercera semana y ya generaba beneficio de sobra. Después llegaron los 1.000 millones de recaudación global —segunda película más taquillera del año— y los 1.180 millones que certificaba Variety. Mattel licenció la marca; Warner adquirió los derechos cinematográficos. El resultado, les guste o no a los agoreros, es la máquina de hacer dinero del año.
¿Por qué el mensaje no aparecía en los tráilers?
La promoción hizo su trabajo, y lo hizo bien. Los primeros avances vendían una comedia familiar de plástico y colorinchis, casi con aire de juguetes cobrando vida. Quien esperaba un panfleto se encontró con un producto que escondía la carga ideológica hasta que el espectador ya había pagado la entrada.
Sorpresa. La campaña no se quedó en spots: buscadores que reformaban su interfaz al teclear el nombre y una muñeca gigante instalada en Marruecos.
Las reacciones fueron de manual. La crítica profesional en Filmaffinity la puso por las nubes mientras los comentarios del público la destrozaban. En Rotten Tomatoes mantenía un
8,9 pese al enfado de buena parte de la audiencia angloparlante, que hablaba de un caballo de Troya con tacones. La brecha entre lo que dice el gremio y lo que dice quien paga la entrada nunca fue tan visible.
¿Es una sátira del feminismo o propaganda feminista?
Aquí el asunto se parte en dos y nadie se pone de acuerdo. Una corriente defiende que la película se ríe del discurso de género: lo exagera, lo ridiculiza y lo deja en evidencia. Otra sostiene justo lo contrario, que el mensaje va en serio y que el humor es solo el envoltorio. La misma escena sirve para las dos lecturas, y eso, en taquilla, es oro. Incluso hay quien sostiene que el verdadero protagonista del filme es Ken y no Barbie.
La paradoja de fondo es más sabrosa. Durante décadas, Barbie fue objeto de críticas del propio
feminismo por el modelo corporal y el rol que vendía a las niñas. Ahora llega una película que la convierte en símbolo de todo lo contrario. «Resulta irónico que Barbie ahora se convierta en un símbolo feminista. Cuando era objeto de las críticas por dicho colectivo históricamente», resume una de las intervenciones más votadas del seguimiento.
El precedente de Captain Marvel y Star Wars
El éxito de taquilla no equivale a una franquicia sana, y el cine reciente está lleno de ejemplos. Star Wars VII llenó cines y hoy se discute si la trilogía posterior se llevó por delante la saga. Captain Marvel también arrasó, pero lo hizo en el punto más dulce de Marvel. «Captain Marvel tambien fue un éxito en taquilla, si, porque salió justo entre dos megahits de Marvel, y justo antes del colofón final que fue Endgame».
De ahí la lectura más incómoda: el dato de hoy no garantiza nada mañana. Lo que sí garantiza es una decisión industrial. Quien tiene la marca cobra los derechos; quien tiene los derechos explota el filón mientras aguante. Y de fondo, la trastienda de los estudios: Barbie se colocó en calendario para competir con la película de Nolan, después de que el director abandonara Warner tras dos décadas para firmar por otro estudio.
El puesto 87 que matiza el triunfo
Porque el reinado tiene letra pequeña. Con 845 millones de dólares acumulados, la cinta ocupaba el
puesto 87 de la lista histórica de recaudación mundial. Muy arriba para tratarse de una comedia; muy abajo para quien la vende como fenómeno generacional.
Las comparaciones tampoco ayudan al relato triunfalista. Avatar, de 2009, suma 2.925 millones; Titanic, de 1997, 2.222. Películas estrenadas cuando la entrada costaba la mitad. El contrincante que le pusieron enfrente, Oppenheimer, superó los
400 millones en diez días y, según el cálculo de un participante en el seguimiento, podría acabar en 700, cifra que él mismo calificaba de brutal para un biopic adulto de tres horas sin apenas acción.
Otra hipótesis circula sin comprobarse: que ellas fueron por el mensaje y ellos, por ver a la actriz protagonista. No hay forma de medirlo, y en una taquilla de estas dimensiones probablemente sobra con admitir que cada cual fue por un motivo distinto.
Una película pensada para hacer sombra a la de Nolan acabó siendo el fenómeno del año, y la de Nolan, el otro fenómeno del año. Nadie apostó por ese empate. Y sigue sin respuesta la única pregunta que importa: cuánto de lo que se vendió como entretenimiento familiar era, en realidad, un producto diseñado para partir a la audiencia en dos.