Masters del Universo: el fracaso que pudo costar 300 millones
Cuando Amazon, MGM y Mattel decidieron resucitar a He-Man con un presupuesto de 170 millones de dólares, soñaban con repetir el pelotazo de Barbie. Pero tras su primer fin de semana, la película acumulaba apenas 62,7 millones en taquilla mundial, según datos preliminares. A este ritmo, no solo no alcanzará los 100 millones globales, sino que el agujero para sus productores podría superar los 300 millones, incluyendo costes de marketing y distribución.
El problema de fondo no es solo el dinero: es que la franquicia nunca tuvo el tirón que Mattel imaginaba. En los años 80, He-Man era un producto pensado para vender juguetes, no una saga con arraigo emocional. La serie de dibujos apenas se emitió en televisión abierta en España; buena parte de los que la vieron lo hicieron en vídeoclubs, y para cuando llegó a la parrilla, los muñecos ya no se vendían. El recuerdo colectivo es difuso: la mayoría solo retiene el eslogan “Por el poder de Grayskull…”. Difícil construir un fenómeno cultural sobre eso.
Un cartel que echa para atrás y un CGI que no convence
La estrategia de marketing tampoco ayudó. El cartel mostraba a un clásico tío cachas con espada, una heroína empoderada y un villano caricaturesco. Demasiado genérico para una audiencia que ha visto el mismo arquetipo mil veces. Quienes no crecieron con la serie lo perciben como un refrito más. Y quienes sí la conocen se quejan del exceso de CGI, que describe como “cutre” y “más propio de un videojuego que de una película de 170 millones”.
A esto se suma la controversia sobre el casting: el personaje de Man-at-Arms, que en la serie original era un hombre blanco pelirrojo, fue interpretado por un actor negro. Un cambio que, aunque en línea con las políticas actuales de inclusión, ha irritado a parte del público nostálgico. No ayuda que el actor principal, Nicholas Galitzine (conocido por su papel en “Ideas brillantes”), tenga un rostro que muchos consideran “demasiado moderno” para el papel.
La sombra de Barbie y el espejismo de las franquicias
Amazon buscaba desesperadamente una franquicia que justificara su inversión en Prime Video. El éxito de Barbie (con Mattel también detrás) creó la falsa expectativa de que cualquier marca ochentera podía repetir la fórmula. Pero Barbie tenía un posicionamiento cultural universal; He-Man, no. El público objetivo —varones de 45-55 años, calvos y con dinero para nostalgia— resultó ser demasiado pequeño para amortizar una superproducción. Intentar atraer a familias funcionó a medias: los padres no llevaron a sus hijos a una película que les parecía un cliché de ciencia ficción.
La taquilla doméstica e internacional, aún por cerrar, apunta a una recaudación final inferior a 100 millones. Para alcanzar el punto de equilibrio, la película necesitaba ingresar unos 425 millones (presupuesto más doble de marketing). Es decir, el déficit ronda los 325 millones. Si sumamos la participación de Amazon, MGM y Mattel, las pérdidas podrían alcanzar los 300 millones, según estimaciones de analistas.
Lecciones de un naufragio anunciado
No es la primera vez que un estudio se estrella con una propiedad de los 80. La Isla de las Cabezas Cortadas hundió a Carolco en su día. Pero la diferencia es que ahora los grandes conglomerados pueden absorber pérdidas mastodónticas gracias a su diversificación: Disney capea sus fracasos con parques y merchandising. Amazon también puede hacerlo, pero la pregunta es cuánto tiempo más seguirán financiando películas que no conectan con el público.
El dato curioso: algunos que vieron la película la defienden como “sorprendentemente buena”, con un He-Man que en realidad no es el bruto que aparenta y una heroína que le salva a él. Pero el daño ya está hecho. Cuando la percepción inicial es de un producto caduco y sobreproducido, ni las buenas críticas tardías logran remontar. El estrepitoso fracaso de Masters del Universo quedará como un caso de estudio sobre cómo no gestionar la nostalgia.