Vacunación covid: el 92,6% oficial que muchos cuestionan
¿Cuánta gente en España se ha puesto realmente la vacuna de la covid? El gráfico discutido en el foro mostraba una cobertura del
92,6% del total de la población, con grupos de edad que llegaban al
100% entre los mayores de 80 años. Varios participantes expresaron su desconfianza hacia esas cifras. Y ahí empieza un pulso entre la estadística publicada y la percepción de quien mira a su alrededor y no ve lo que le cuentan.
El gráfico que desató la discusión mostraba una cobertura casi total por tramos de edad. Los más jóvenes, de
12 a 19 años, aparecían con un
96%. Los adultos, en torno al
90%. Los octogenarios, directamente, con el cien por cien. Semejante uniformidad es lo que hizo saltar las alarmas entre algunos foreros, que consideraron el dato poco creíble.
Por qué muchos no se creen el 92,6% de vacunados
El primer argumento que aparece es el de la
experiencia de barrio. Hay quien sostiene que en su entorno conoce a bastantes más de un 8% de personas sin ninguna dosis. Si el porcentaje real de no vacunados fuera ese, cada cual debería identificar a muy pocos. La cuenta no sale. Y cuando la cuenta no sale, algunos desconfían del dato antes que de sus ojos.
El segundo frente es el de la propia definición de
vacunado. ¿Cuenta quien recibió una sola dosis? ¿Quien la recibió en el extranjero y no consta? ¿Quien figura en el registro por un pinchazo que nunca se puso? La estadística mide lo que mide, y ahí está el agujero: los registros administrativos recogen lo declarado, no lo ocurrido.
Hay un tercer elemento, más incómodo. La presión social durante la campaña fue enorme: pasaporte covid, acceso a locales, viajes, trabajo. En ese contexto, mentir sobre el estado vacunal se convirtió en una estrategia de supervivencia para quien no quería pincharse, según relataron algunos participantes. Y una mentira repetida por miles de personas acaba contaminando cualquier recuento.
El 100% de los mayores de 80 años: la cifra que rompe la estadística
El tramo de más edad es el que más suspicacias genera. Un
100% no existe en estadística sanitaria real, y menos en un grupo donde conviven residencias, domicilios, personas con deterioro cognitivo y familias que deciden, según señalaron varios foreros. Basta un solo caso —una anciana que no se pinchó, un anciano que rechazó la dosis— para invalidar el redondo.
Aparece aquí un matiz que suele pasarse por alto: la diferencia entre
vacunado de covid y
vacunado de gripe. Muchos de los que rechazaron la primera sí aceptaron la segunda, y al revés. Si el registro mezcla campañas o arrastra datos de una a otra, el porcentaje final se infla sin que nadie lo note.
El resultado es una estadística que funciona como espejo: quien confía en la administración la lee como prueba de éxito; quien desconfía, como prueba de manipulación. Y en medio, un dato que nadie ha podido verificar de forma independiente.
La estadística como termómetro de la confianza institucional
La discusión de fondo no es vacunológica, es de
credibilidad. Durante los últimos años, las cifras oficiales han perdido parte del crédito que tenían: paro, IPC, datos sanitarios. Cuando una institución publica un número que el ciudadano no reconoce en su vida diaria, el ciudadano no cambia de vida: cambia de fuente.
El paralelismo con otros episodios recientes es inevitable. La gestión de la pandemia dejó una capa de escepticismo que no se ha disuelto. Y esa capa afecta ahora a cualquier dato que salga de un organismo público, aunque sea correcto. El coste de la desconfianza se paga en todas las estadísticas, no solo en la que la generó.
Lo llamativo es que la discrepancia no sigue líneas políticas claras. Hay gente de derechas y de izquierdas que no se cree el gráfico. Hay quien se vacunó y duda del porcentaje. La desconfianza es transversal, y eso la hace más difícil de gestionar.
Qué dicen los registros oficiales y qué se les escapa
Los datos publicados por el Ministerio de
Sanidad son los que son. El problema no es que estén mal calculados, sino que miden una cosa distinta de la que la gente cree que miden. Un porcentaje de cobertura vacunal no es un censo de convicciones: es un recuento de actos registrados.
Ahí está la trampa. Si el acto no se registra, no existe estadísticamente. Y hay muchos motivos para que un acto no se registre: vacunación en el extranjero, errores administrativos, duplicidades, cambios de comunidad. Cada uno de esos huecos suma, y el total puede desviarse varios puntos.
La conclusión, si es que hay alguna, es que el
92,6% es probablemente una cifra razonable como indicador de tendencia y una cifra discutible como retrato exacto de la realidad. Nadie ha demostrado que sea falsa. Nadie ha demostrado que sea cierta. Y en ese limbo, cada cual elige su versión.
Al final, la estadística más fiable de todas es la que mide cuánta gente se cree la estadística. Y esa, me temo, no la publica nadie.