La presidente y la escalada de desmentidos
La secuencia es ya un clásico de la política española: primero se niega conocer a la persona, luego aparece una foto, después 23, luego se admite un café, luego varios, hasta que los registros de comunicaciones lo desmienten todo. En el caso de la presidente, la escalada ha llegado a 244 correos electrónicos y 117 llamadas telefónicas con un interlocutor que, según su versión inicial, apenas conocía.
De 'no sé quién es' a 244 emails
La cronología de las explicaciones es casi grotesca: comenzó con un rotundo «no sé quién es esa señora», pasó por «una foto en un mitin que ella pidió», luego «23 fotos pero es que es muy fan», después «un par de cafés», más tarde «47 reuniones pero no lo recordaba», y finalmente «244 emails y 117 llamadas, pero eran para hablar de First Dates». El argumento del programa de televisión como coartada resulta tan inverosímil como el resto de la escalada.
El patrón de la mentira política
Lo relevante no es el programa de citas, sino la mecánica: cuando una investigación judicial o periodística tiene acceso a los registros de una de las partes, los desmentidos se vuelven insostenibles. Quienes han pasado por comisiones de investigación saben que el rastro digital no perdona. La pregunta que queda en el aire es por qué, sabiendo que los datos acabarían saliendo, se opta por la negativa sistemática.
Con estas cifras sobre la mesa, la credibilidad de la presidente queda bajo mínimos. El dato que descoloca no es ya el volumen de comunicaciones, sino que alguien creyera que no iban a aparecer.