La princesa persa del meme: un montaje que desmonta el mito de la belleza suprema
Circula por internet una fotografía de una mujer de aspecto robusto y bigote poblado atribuida a la princesa Fatemeh Khanum, presentada como el “símbolo supremo de belleza” en Persia hacia 1900. El retrato, sin embargo, esconde una historia más compleja: no es una sola mujer, sino dos hermanas montadas en la misma imagen, y el relato de los pretendientes suicidas no tiene ninguna fuente verificable.
¿Quién era realmente Fatemeh Khanum?
Fatemeh Khanum, apodada Esmat al-Dowleh, nació en 1855 y murió en 1905. Era la segunda hija de Naser al-Din Shah, el monarca qajar que gobernó Persia durante casi medio siglo. La imagen que circula como “símbolo supremo de belleza” es en realidad un montaje que la yuxtapone con su hermana menor, Zahra Khanom, apodada Taj al-Saltaneh, nacida en 1884 y fallecida en 1936. Dos hermanas separadas por treinta años, pegadas en la misma composición para crear un efecto más chocante.
El mito de los trece pretendientes
El relato de que trece pretendientes se suicidaron al ser rechazados por Fatemeh viaja con el meme desde hace años. Pero nadie ha localizado nunca la fuente original de esa historia. No aparece en ninguna crónica histórica, ni en memorias de la corte qajar, ni en documentos de la época. Es una leyenda urbana que se ha ido repitiendo sin verificación, alimentada por el contraste entre el aspecto físico de la princesa y el supuesto deseo que despertaba.
La ironía de Taj al-Saltaneh
La hermana pequeña, Zahra Khanom, es quizá la figura más interesante de las dos. Taj al-Saltaneh fue una activista y escritora, considerada una de las primeras mujeres en publicar memorias en Persia. Defendió los derechos de las mujeres y criticó abiertamente la situación de su país. Que su imagen aparezca hoy reducida a un chiste sobre el vello facial es una ironía que dice mucho sobre cómo se consume la historia en internet.
El meme persiste porque es visualmente chocante, pero la historia real es más rica: dos mujeres de la realeza persa, una de ellas pionera del feminismo, convertidas en un simple objeto de burla. La próxima vez que alguien comparta la foto, vale la pena recordar que la belleza, como la historia, es cuestión de perspectiva.