Los archivos que muestran la cara más oscura del odio
La discusión sobre el antisemitismo contemporáneo se ha cargado de nuevos documentos que, más allá del debate ideológico, exponen conductas extremas. Dos casos han marcado el último año: el rescate de 17 menores captados por una secta ultraortodoxa en Colombia y la filtración de un correo de Jeffrey Epstein que relaciona a una menor vestida de Jesús con una conversación sobre su muerte.
Lev Tahor: el operativo que liberó a 17 niños
En un operativo conjunto del Gobierno colombiano, Migración Colombia, el Ejército y el ICBF rescataron a 17 menores extranjeros que habían caído en manos de Lev Tahor, una secta judía ultraortodoxa acusada de secuestro y abuso sexual infantil en varios países de América Latina. La directora de Migración Colombia, Gloria Arriero, confirmó que cinco de los menores tenían circular amarilla de Interpol. La operación se realizó en un hotel de Yarumal (Antioquia) y supuso un golpe contra una red que operaba bajo cobertura religiosa.
El correo de Epstein que estremece
Otro documento que circula es un correo electrónico fechado el 19 de julio de 2011, enviado desde una cuenta a Jeffrey Epstein y a jeevacation@gmail.com. En el mensaje se lee: «deberías disfrazarte de él cuando la veas», en referencia a una niña a la que habían vestido de Jesús. El correo original de Epstein dice: «dijo que sintió la presencia de Dios junto a ella cuando estaba en la cama... ella sabe que Jesús cuida de ella. Y él ayudó a salvar su vida. Ups». El nombre de la menor, Nadia Marcinkova, aparece semitachado. El contenido ha sido calificado como «estremecedor» por quienes lo han analizado.
La deriva del discurso: del horror a la broma macabra
Junto a estos hechos, surgen comentarios que trivializan la tragedia. Por ejemplo, ante la noticia de una madre cuya hija murió de hambre, se bromea con un «se la comió ella» y se cuestiona el estado físico de la madre. O la afirmación de que «6 mil millones de personas no tienen derecho a existir», atribuida a un rabino. Este tipo de declaraciones –aisladas pero recurrentes– alimentan la percepción de que el odio, sea cual sea su origen, se expresa sin filtro cuando se dan ciertas condiciones.
El dato que descoloca: mientras unos hablan de paz, otros piden guerra. Y los documentos demuestran que no es solo retórica.