La hucha de pensiones española, segunda rentabilidad más baja de la OCDE
El Fondo de Reserva de la Seguridad Social, conocido popularmente como la hucha de las pensiones, se ha convertido en la segunda peor inversión de toda la OCDE. Según el informe Pension Markets in Focus 2024, publicado en diciembre por la organización, solo Polonia obtuvo una rentabilidad inferior. El dato pasó desapercibido en su momento, pero merece una mirada sin paños calientes.
A cierre de 2023, el fondo español apenas representaba el 0,4% del PIB —unos 5.672 millones de euros—, el más pequeño del club en términos absolutos y relativos. Pero el dato que duele es la rentabilidad: -4,1% en los últimos cinco años. En ese mismo periodo, los mercados bursátiles globales se han duplicado con creces. Dejar el dinero bajo el colchón habría dado mejor resultado.
Inversión en deuda pública: ¿prudencia o cautividad?
La explicación es simple: casi todo el fondo está invertido en deuda pública española. Una estrategia ultaconservadora que, en la práctica, convierte la hucha en un comprador cautivo de la deuda del Estado. Mientras Noruega multiplica su fondo soberano invirtiendo en empresas globales, España opta por prestarse a sí misma con rentabilidades negativas en términos reales. No es un fondo soberano, sino una cuenta de reserva políticamente manejable.
Detrás de esta gestión hay una decisión deliberada. El sistema de reparto español no está diseñado para acumular patrimonio intergeneracional, sino para cuadrar las cuentas cada legislatura. Y una hucha pequeña, conservadora y bajo control político encaja perfectamente en ese esquema. El debate sobre quién debe gobernar ese dinero —si el Gobierno o un consejo independiente— sigue sin respuesta.
El Tribunal de Cuentas y los fondos Next Generation
Paralelamente, el Tribunal de Cuentas ha confirmado que el Gobierno desvió 2.389 millones de euros de los fondos europeos Next Generation para sufragar gastos ordinarios del Estado, según una denuncia de VOX. El dato añade otra capa al debate: mientras la hucha mengua y rinde mal, el Ejecutivo busca otras fuentes de financiación para las pensiones.
Con estos mimbres, la pregunta incómoda es cómo se pretende garantizar la sostenibilidad del sistema si la reserva financiera no solo es minúscula, sino que además pierde poder adquisitivo. Ni la capitalización ni la gestión independiente parecen estar en la agenda. El relato oficial choca con los números.