La selección suiza, espejo de un debate identitario
Ver a la selección de Suiza saltar al campo y pensar que parece la ONU es ya un lugar común. Las quejas sobre la presencia de jugadores de origen extranjero resuenan en cada convocatoria. Pero los datos desmontan la narrativa: más del 80% de la población extranjera en Suiza procede del resto de Europa, no de África o Asia. El problema no es la diversidad, sino la incomodidad que genera una identidad nacional que no encaja con el imaginario alpino.
El mito de la colonización Suiza
Algunos foros alimentan la tesis de que los suizos están pagando un supuesto pasado colonial. Solo que Suiza nunca tuvo colonias ultramarinas, como recuerdan los más documentados. La ironía es que el discurso del "perdón" se aplica a quien no tiene culpa histórica, mientras la inmigración real es mayoritariamente europea. El malestar, entonces, no es por el origen de los jugadores, sino por un sentimiento de pérdida de lo autóctono que se refugia en el fútbol.
¿Y si el problema es otro?
Hay quien apunta una explicación más prosaica: a lo mejor a los suizos no les gusta mucho el fútbol. El debate sobre la composición del equipo es, en realidad, un síntoma de tensiones identitarias que recorren toda Europa. Mientras la selección gane, la mezcla se aplaude; cuando pierde, salen los prejuicios. El dato que descoloca: la mayoría de esos inmigrantes que tanto molestan son europeos como ellos.