La sonrisa de hielo: de Indrid Cold a Ellen DeGeneres
En 1966, dos adolescentes de Nueva Jersey se cruzaron con un hombre que sonreía sin pestañear. Era Indrid Cold, el "hombre sonriente" del mito de Mothman, que décadas después se ha convertido en pieza de una narrativa conspirativa que hoy incluye a Ellen DeGeneres, Hillary Clinton o el Joker. La teoría, tal como circula, sostiene que esa sonrisa congelada no es un gesto: es una señal.
La comparación más repetida tiene nombre propio: la sonrisa de DeGeneres, esa que no llega a los ojos. Para los seguidores del mito, tiene la misma rigidez que la del personaje de Lost Highway o la de Indrid Cold. La cuestión de fondo es si se trata de "programación mental", de actores sometidos a algo más oscuro, o simplemente de una mueca mal entrenada ante las cámaras.
El reflejo de Duchenne y la tablilla sumeria
Hay una lectura más terrenal: el reflejo de Duchenne, la contracción involuntaria del músculo orbicular de los ojos, es el marcador de una sonrisa genuina. Cuando falta, el cerebro detecta algo artificial. Los teóricos de la conspiración llevan esa observación al extremo: quien no sonríe con los ojos no sería del todo humano. La idea, dicen, ya aparecía en una supuesta tablilla sumeria que describía siete pistas para identificar a seres que se hacen pasar por personas; la sonrisa rígida sería una de ellas.
Una galería de sonrisas incómodas
La colección de imágenes que alimenta esta corriente incluye a Betty Gabriel, Hillary Clinton, Lady Bird e incluso al asesino Ted Bundy. Cada fotografía ofrece el mismo patrón: una expresión que no parece espontánea, una inquietud que no se explica. Que una actriz, una exsecretaria de Estado y un asesino en serie compartan ese gesto no convierte la anécdota en evidencia, pero sí en un potente meme conspirativo.
El primer avistamiento de Indrid Cold ocurrió el 16 de octubre de 1966 en Nueva Jersey. Casi seis décadas después, la sonrisa de la presentadora estadounidense sigue haciendo que alguien mire dos veces. El dato que descoloca: ninguna de las fotos que circulan ha explicado qué hay detrás de esa mueca, pero tampoco ha hecho falta para que el mito crezca.