90 kilos de comida ilegal en una noche: el pulso de Aste Nagusia
Bilbao ha estrenado las fiestas con un récord incómodo: en una sola noche, los servicios municipales decomisaron 90 kilos de comida que se vendía sin licencia por las calles. La cifra representa la mitad de todo lo intervenido en la pasada edición de Aste Nagusia, un dato que ha provocado un debate sobre el modelo festivo y la competencia que la venta informal planta a los puestos oficiales.
Competencia desleal o alternativa barata
El alcalde Juan María Aburto ha pedido a los ciudadanos que dejen de comprar en esos puestos, invocando la colaboración ciudadana. La reacción está lejos de ser unánime: para unos, la venta ambulante es un riesgo sanitario y una competencia desleal con las txosnas, que pagan tasas y cumplen inspecciones. Para otros, es simplemente una opción más barata: no cobran licencias ni cumplen horarios, y el público lo nota. Hay quien añade que las txosnas pactan precios para evitar competir entre ellas, y que esa rigidez es la que abre el hueco al vendedor que no paga nada.
El fantasma de la 'sudamericanización'
La discusión ha derivado en términos como «sudamericanización» o el chiste de rebautizar la ciudad como «Bilbogotá». Detrás de esa retórica se mezclan dos planos: el de la
economía sumergida, que existe en cualquier gran ciudad, y el del prejuicio hacia los vendedores migrantes. Mientras la demanda busque opciones baratas y la oferta legal no flexibilice precios, el pulso continuará. El Ayuntamiento, de momento, solo pide colaboración para hacer su trabajo de inspección.