Puntos violeta en Aste Nagusia: 14.999 euros de alquiler semanal
¿Por qué una mujer que sale de fiesta en Bilbao tiene que poner una tapa en el vaso, compartir su ubicación y llevar una alarma en el bolso? La respuesta oficial es la prevención. La económica tiene otra letra.
El 25 de agosto de 2026, un reportaje firmado por María de Maintenant recogía las medidas de autoprotección que las mujeres adoptan durante Aste Nagusia. «Nunca volvemos solas a casa», resumía una de las entrevistadas. Onintza Enbeita, pregonera de unas fiestas que celebran «que hay sitio para todos salvo para los que no saben estar», incluyó a los agresores sexuales en esa lista.
Mientras las mujeres se protegen, el ayuntamiento instala puntos violeta. El coste del alquiler de uno de esos puestos, según las alegaciones que circulan en el entorno de las fiestas, asciende a 14.999 euros por semana. Bilbao ha colocado cinco: 74.995 euros semanales solo en estructura. La cifra no es casual: se queda justo por debajo del umbral de los 15.000 euros que obliga a un contrato mayor. Las trabajadoras, en su mayoría voluntarias, atienden los puestos. La pregunta que flota es qué se entrega a cambio: información, acompañamiento y quizá algún spray de pimienta. Nada de eso aparece en el contrato.
El reportaje tampoco ha estado exento de polémica. Hay quien sostiene que el problema no es la autoprotección, sino la falta de datos sobre los agresores: «Cuando empecéis a dar todos los detalles de los atacantes en vuestros artículos, hablamos». Y quien reclama que la seguridad no puede convertirse en un negocio ni en un arma arrojadiza contra la inmigración. Posturas incompatibles, pero ambas comparten la sospecha de que algo no cuadra.
Mientras tanto, las mujeres de Bilbao seguirán poniendo tapas en los vasos. Es una solución barata para un problema que, visto el presupuesto, parece caro de resolver.