La Complutense felicita el «fin del otoño» y evita nombrar la Navidad
Una felicitación con una hoja como ilustración, una alusión al fin del otoño y ninguna mención a la Navidad. La Universidad Complutense de Madrid ha convertido su tarjeta institucional en el detonante de una polémica que va bastante más allá del diseño gráfico.
El mensaje se articula en torno al cambio de estación: se habla del final del otoño y
no aparece la palabra Navidad. Hay quien defiende que una administración pública no debería confesionalizar sus mensajes, y la respuesta más repetida es la contraria: en un país de tradición católica, felicitar en diciembre sin nombrar la Navidad deja fuera a quienes sí la celebran. Parte de las críticas apuntó directamente al rector de la universidad; otra parte, al conjunto de la institución.
La hoja de la tarjeta y su silueta desafortunada
Bastó una imagen para que la conversación se desbordara. La hoja que ilustra la felicitación tiene, para una parte del público, una silueta cuando menos desafortunada; varios dijeron ver en el dibujo una forma que no conviene detallar aquí. Hubo quien fue más lejos y sospechó un retoque digital deliberado, y quien dio por hecho que
la forma estaba puesta a propósito. Nada de eso se ha demostrado.
¿Cuándo empezó a celebrarse la Navidad el 25 de diciembre?
El origen de la fecha del 25 de diciembre sigue siendo objeto de disputa en el hilo. La versión más repetida sostiene que esa jornada era ya una fiesta pagana antes de que los cristianos la adoptaran. «El festival de Sol Invictus, lejos de ser comunitario y natural, fue instituido por Aureliano Augusto mucho después de que los cristianos empezaran a celebrar la Navidad el 25 de diciembre», resume una de las posturas que se cruzaron.
La contraria llega con datos parecidos y conclusión opuesta. En el año
274, Aureliano instituye en Roma la fiesta del
dies natalis Solis invicti, el nacimiento del Sol invicto. Las Saturnales romanas, añade esta corriente, se celebraban del
17 al 23 de diciembre, no el 25, y Constantino no instituyó ninguna celebración navideña. Otra línea del intercambio recuerda que varias iglesias, entre ellas las de tradición armenia, siguen celebrando el 6 de enero como fecha del nacimiento.
El choque de fuentes fue lo más parecido a un duelo dialéctico. En esa línea se citó a Tertuliano, que ya en el siglo II situaba la muerte de Cristo el 25 de marzo y, por tanto, su nacimiento el 25 de diciembre, más de 170 años antes de Aureliano; el censo romano que el propio autor mencionaba en su obra contra Marción; a Ireneo de Lyon defendiendo la celebración de la Encarnación; y un calendario de fiestas cristianas primitivas que, según la otra parte, omite cualquier nacimiento. También se discutió si Constantino y el papa Julio I fijaron la fecha frente a corrientes que proponían el 6 de enero o mayo. Ninguna de las dos versiones se dio por vencida.
¿Se puede felicitar la Navidad sin decir Navidad?
La objeción más repetida dice que no: que no existe una felicitación inclusiva que no nombre la Navidad, sobre todo en un país occidental de tradición cristiana. El argumento de fondo es que la fórmula «felices fiestas» no amplía el círculo, solo lo desplaza, y que quien se identifica con la celebración queda fuera. Para ilustrarlo se puso un ejemplo doméstico: es como felicitar un cumpleaños describiendo «las vueltas al sol» en lugar de decir feliz cumpleaños.
La defensa de un mensaje sin referencias confesionales se apoya en otro terreno: en el hilo se recuerda que las administraciones no deben profesar ninguna religión y que una felicitación confesional no es obligación de nadie. Entre ambos extremos hubo quien no vio el problema en ninguna parte y se limitó a celebrar la Navidad por su cuenta, sin pedir permiso ni reprochar nada.
El nombre de la Complutense y el fondo del asunto
La polémica derivó hacia terrenos más antiguos. Se recordó que la institución se llamó durante un tiempo
Universidad Central de Madrid y que el nombre «complutense» correspondería a Alcalá de Henares, según una de las intervenciones, con la consiguiente reclamación de que el título regrese a su sitio original. También se discutió si el episodio forma parte de una guerra cultural importada, con gestos institucionales que llegan a España años después de popularizarse al otro lado del Atlántico.
Y se discutió, en fin, si una tarjeta de felicitación merece tanto ruido. La respuesta corta es que no. La respuesta larga es que casi nunca se discute la tarjeta, sino lo que hay detrás de ella: quién decide qué se nombra y qué se deja sin nombre en el calendario de una institución pública.
Con estos mimbres, la pregunta ya no es si la Complutense felicitará la Navidad el año que viene, sino si alguien se acordará entonces de que la hoja sobraba.