La vicelehendakari vincula la inmersión en euskera al fiasco de PISA
Lo incómodo no es que alguien relacione la inmersión lingüística en euskera con el batacazo de Euskadi en PISA. Lo incómodo es quién lo hace: la propia vicelehendakari, Ibone Bengoetxea. La número dos del Gobierno vasco sacó a colación el esfuerzo que el sistema educativo hace para que sus alumnos aprendan euskera al hilo de los resultados de la evaluación internacional, publicados en plena resaca del hundimiento del alumnado vasco de 15 y 16 años. El análisis se firma el 11 de septiembre de 2026, con la herida aún abierta.
¿Qué ha dicho la vicelehendakari sobre el euskera y PISA?
Bengoetxea no ha puesto la lengua como única causa, pero sí ha dejado caer que el esfuerzo dedicado a la enseñanza en euskera forma parte del cuadro. Es una grieta en el relato oficial: durante años, señalar ese vínculo desde fuera se despachaba como ataque a la cultura vasca. Cuando la sospecha la formula quien ocupa la Consejería de Políticas Lingüísticas, el argumento deja de ser sospecha y pasa a ser hipótesis de trabajo. Y eso descoloca a propios y ajenos.
Estudiar en una lengua que no es la materna de la mayoría
El núcleo del asunto es sencillo de enunciar y difícil de digerir: se obliga a estudiar en una lengua que no es la materna de la mayoría de los alumnos ni de la mayoría del profesorado. Una parte del análisis sostiene que eso penaliza la comprensión de las materias, no solo la del idioma, y que el coste se paga en matemáticas y ciencias. La réplica habitual apunta a que el problema está en el sistema en su conjunto y no en la lengua vehicular. Los resultados, sin embargo, no se mueven de sitio.
El argumento que se cuela por la puerta del alumnado recién llegado
En paralelo circula una derivada más incómoda: se argumenta que la llegada de alumnado que no domina ni el castellano añade presión al aula, y que ninguna política lingüística arregla eso por sí sola. Es una tesis que se usa tanto para pedir refuerzos como para culpar a los recién llegados, y conviene separar las dos cosas. El dato lingüístico no explica por sí solo un desplome.
Aquí no hay sentencia. La duda que queda sobre la mesa es otra: si la inmersión pesa tanto como sugiere la propia vicelehendakari, ¿cuánto de ese modelo está dispuesto el Gobierno vasco a tocar antes de las próximas elecciones?