Indra elige Langreo para su tercera fábrica de blindados: ¿subvención con nombre propio?
La noticia es oficial: Indra instalará en Langreo su tercera fábrica de blindados. La compañía lo presenta como un paso más en su expansión industrial, pero el contexto político y la historia reciente de la zona invitan a leer la operación con otros ojos.
Indra necesita músculo industrial para afrontar la avalancha de pedidos que el Ministerio de Defensa le ha otorgado en el marco del rearme europeo. La empresa está potenciando su filial Indra Land Vehicles, dedicada a vehículos terrestres. En ese contexto, el presidente asturiano, Adrián Barbón, y el CEO de Indra, Josep Maria Recasens, se reunieron el pasado mes de julio. La compañía agradece la colaboración de la región, pero el calendario electoral y la existencia de unas instalaciones de Duro Felguera en caída libre, reciclables para la nueva planta, alimentan las sospechas de favoritismo.
Hay quien sostiene que esta operación es comparable a la instalación de SEAT en Barcelona bajo Franco. El paralelismo se cae por su propio peso: la SEAT se ubicó allí porque ya existía un ecosistema industrial y financiero consolidado, no como un regalo electoral. En Langreo no hay mercado, ni banca, ni tradición automovilística; solo un taller en declive y un presidente regional que necesita rédito electoral. La diferencia es abismal: la SEAT pagaba impuestos, mientras que Indra es una empresa bien pagada por el Gobierno, con subcontratos y prebendas.
La fábrica llegará, pero la duda es si generará el tejido industrial que promete o si quedará como un monumento a la subvención electoral. El tiempo lo dirá, aunque la experiencia con Duro Felguera sugiere que los milagros industriales no se decretan.