Farmear aura: la nueva moneda social de la generación Alpha
Cada tarde, en plazas y parques de medio mundo, grupos de adolescentes ejecutan movimientos exagerados, golpes de pecho y coreografías improvisadas mientras otros graban con el móvil. El objetivo no es ganar un concurso ni dinero: es “farmear aura”, acumular una forma de estatus social intangible que ha estallado como fenómeno viral. El espectáculo provoca una discusión acalorada entre quienes ven una idiotez programada y quienes descubren una vía de socialización al aire libre.
El término combina la jerga de los videojuegos con la cultura de internet. “Farmear” significa repetir una acción mecánicamente para obtener recursos o puntos; “aura” hace referencia al carisma o respeto que un individuo proyecta. Así, “farmear aura” es una conducta pública y repetitiva orientada a aumentar el capital social del que la ejecuta. Su origen se sitúa en las comunidades digitales posteriores a 2020, pero las imágenes que ahora se viralizan muestran a jóvenes imitando supuestos movimientos de anime o rituales de dominación animal, lo que ha disparado las comparaciones con los gorilas.
Del vídeo de Beastie Boys a la comparación con los gorilas
Un detalle recurrente en el análisis es la similitud con una parodia del grupo Beastie Boys, dirigida por Adam Yauch en 2011, en la que se imitaba el breakdance de forma grotesca. Que un vídeo de hace más de una década se cite como referencia ilustra hasta qué punto el fenómeno bebe de la cultura pop. Los menos alarmistas recuerdan que los rituales de exhibición para establecer jerarquías existen en el reino animal — el célebre golpe de pecho de los gorilas — y que los humanos no han hecho sino trasladarlos a las plazas con cobertura móvil.
El choque de narrativas: ¿salud pública o ingeniería social?
Las opiniones se dividen en dos bloques irreconciliables. Un sector considera que estas batallas son la enésima prueba de decadencia cultural, un espectáculo de humillación pública alentado por una supuesta ingeniería social para mantener distraída a la población; para ellos, el fenómeno es la antesala de futuros problemas sociológicos. En el lado opuesto, quienes lo minimizan sostienen que se trata de una moda pasajera comparable a las batallas de rap o al breakdance, y que además tiene virtudes: crea una red social sin pantallas, fomenta la actividad física y reduce el tiempo frente a la consola. Entre medias queda la ironía de que la propia escenificación, diseñada para ganar estatus, acaba resultando “antiaura” para la mayoría de los espectadores.
Mientras los progenitores debaten entre la correa y la tolerancia, los jóvenes han encontrado una forma de socializar que no requiere sustancias ni pantallas. Y quizá el dato más incómodo sea que, al contrario de lo que temen sus críticos, las batallas de aura no son una anomalía, sino una versión ruidosa de lo que los primates llevan haciendo millones de años: exhibirse para ganar respeto. El problema es que ahora queda grabado para siempre.