Le Pen amenaza con tomar el Elíseo sin un plan económico que cuadre
Marine Le Pen ha plantado su última batalla en una segunda vuelta contra Jean-Luc Mélenchon. Quienes la apoyan no disimulan que lo hacen con la nariz tapada: prefieren a la dama del Reagrupamiento Nacional antes que a la izquierda radical. La historia, sin embargo, enseña que los pronósticos fallan cuando la economía no acompaña. Y Francia lleva tiempo sin notar ese acompañamiento.
El espejo italiano que asusta a Bruselas
El precedente que todos citan es Giorgia Meloni. Llegó al poder con retórica de asalto y acabó gobernando con una mano atada por el déficit y otra por los mercados. Se da por hecho que Le Pen sufriría el mismo síndrome: el programa radical se queda en el cajón cuando los inversores piden garantías. La pregunta es si Francia, con un Estado del bienestar más generoso que el italiano, puede permitirse el mismo ensayo.
La tercera generación, la gran ausente del debate
Una de las cuestiones que atraviesa la conversación es la de los millones de descendientes de inmigrantes. Hay quien sostiene que ese colectivo es el principal desafío social sin resolver y que ninguna fuerza política ha presentado un plan serio de empleo, vivienda e integración. Las respuestas más crudas –la idea de que no lleguen a la cuarta generación– revelan que se trata como una amenaza, no como una política pública.
Si Le Pen gana, se encontrará con un país que no reconoce. Si pierde, el sistema seguirá sin abordar lo que la ha hecho crecer. La reconquista, en el papel, siempre es más fácil que la gestión.