Letonia y Cataluña: el aliado que coqueteó con el independentismo
En 2013, el primer ministro de Letonia, Valdis Dombrovskis, dejó una frase que hoy resuena con ecos incómodos: «si hay una legitimidad del proceso diría, teóricamente hablando, por qué no?». Se refería a una posible consulta independentista en
Cataluña, en plena efervescencia de la Diada. La noticia, publicada por
La Vanguardia, pasó relativamente desapercibida entonces, pero ha sido rescatada ahora en un contexto muy distinto: Letonia, miembro de la OTAN y de la UE, es hoy uno de los países que más ha endurecido su discurso contra Rusia y que reclama protección aliada frente a Moscú. La paradoja es evidente. El mismo país que en 2013 se mostraba comprensivo con un proceso secesionista en un Estado miembro de la UE es ahora un firme defensor de la integridad territorial ucraniana y un crítico acérrimo de las aventuras territoriales rusas. ¿Hipocresía o simple evolución geopolítica?
El contexto de 2013: una Diada multitudinaria y un aliado comprensivo
La noticia original, firmada por
La Vanguardia en 2013, recogía las declaraciones del entonces primer ministro letón, Valdis Dombrovskis, quien, preguntado por el proceso soberanista catalán, respondió con cautela pero sin cerrar la puerta: «Francamente, por ahora no tenemos un posicionamiento oficial sobre estos temas, pero si hay una legitimidad del proceso diría, teóricamente hablando, por qué no?». La frase, enmarcada en un contexto de masiva manifestación independentista en Cataluña, fue interpretada por algunos medios como un respaldo implícito. Sin embargo, el propio Dombrovskis matizó que se trataba de una reflexión teórica y que no había una posición oficial. Letonia, como muchos países pequeños de la UE, evitaba pronunciarse sobre asuntos internos de otros Estados miembros, pero el hecho de que su primer ministro no descartara explícitamente la legitimidad de un proceso independentista resultó llamativo.
En aquel momento, Letonia acababa de superar una dura crisis económica y aspiraba a consolidarse como socio fiable dentro de la UE. Su primer ministro, además, tenía un perfil técnico y europeísta que lo llevaría después a la Comisión Europea. La declaración, por tanto, no era un gesto de apoyo al independentismo catalán, sino más bien una muestra de prudencia diplomática que, sin embargo, dejaba un resquicio a la interpretación.
La paradoja geopolítica: de la comprensión al silencio
El contraste con la situación actual es notable. Letonia, junto con Estonia y Lituania, ha sido uno de los países más beligerantes contra Rusia tras la anexión de Crimea y la invasión de Ucrania. Los tres bálticos han reclamado un refuerzo de la presencia de la OTAN en su territorio y han denunciado insistentemente las amenazas rusas. En este contexto, cualquier atisbo de apoyo a un proceso secesionista en un país de la UE resultaría hoy impensable. La evolución de Letonia refleja cómo la geopolítica manda: lo que en 2013 podía ser una reflexión teórica sobre la legitimidad democrática de una consulta, en 2022 se convierte en un asunto tabú para un país que teme por su propia integridad territorial.
Algunos análisis señalan que la postura letona de 2013 no era más que una forma de no inmiscuirse en los asuntos internos de España, un principio que los países bálticos defienden con vehemencia dado su propio historial. Pero otros sostienen que la declaración fue un error de cálculo o un exceso de sinceridad que luego se corrigió. Lo cierto es que Letonia nunca reconoció oficialmente ningún derecho de autodeterminación para Cataluña, y su posición actual es de apoyo a la integridad territorial de España.
El eco en el debate público español
La noticia ha sido recuperada en un contexto de debate sobre la OTAN y el apoyo de los aliados a España. Algunos comentarios subrayan que la anécdota demuestra que los aliados no son amigos y que cada país actúa según sus intereses. Se argumenta que Letonia, como otros socios, no dudaría en priorizar sus propios objetivos estratégicos sobre la solidaridad con España. También se recuerda que Rusia ha financiado movimientos independentistas en Europa para debilitar a la UE, lo que añade una capa de complejidad: si Letonia coqueteó con el independentismo catalán, ¿lo hizo por convicción democrática o por cálculo geopolítico?
La discusión deriva hacia la naturaleza de la OTAN y la UE: ¿son alianzas de valores o meros pactos de conveniencia? La respuesta que se extrae de los mensajes es escéptica: los intereses nacionales prevalecen. Y en ese juego, Cataluña fue una pieza más en el tablero.
¿Qué ha cambiado desde entonces?
Letonia ha pasado de ser un país que reflexionaba en voz alta sobre la legitimidad de un proceso independentista a ser un firme defensor de la integridad territorial de Ucrania y un crítico de las ambiciones rusas. Su primer ministro de entonces, Valdis Dombrovskis, es hoy un alto cargo de la Comisión Europea, precisamente en el área económica. La evolución personal de Dombrovskis es un reflejo de la evolución del propio país: de la prudencia diplomática a la confrontación directa con Moscú.
Mientras tanto, el proceso independentista catalán ha quedado en un limbo judicial y político, y las declaraciones de 2013 suenan a anécdota lejana. Pero la pregunta de fondo sigue ahí: ¿puede un país de la UE reconocer la independencia de una región de otro Estado miembro? La respuesta, hoy, es un no rotundo. En 2013, Letonia no lo descartó del todo. La diferencia entre ambos momentos no es de principios, sino de contexto geopolítico.
¿Qué habría pasado si Letonia hubiera mantenido su ambigüedad de 2013? Probablemente nada, porque los intereses estratégicos se imponen. Pero la anécdota sirve para recordar que en política internacional no hay amigos, solo socios. Y que las palabras de un primer ministro en un momento dado pueden volverse incómodas una década después.