El silencio como protesta en un mundo “diabólico”
Hay expresiones que dicen más que mil informes. Llevar eones sin hablar, con la misma cara, no es un gesto de pasividad: es una decisión, y en esa decisión cabe todo un diagnóstico del estado del mundo.
Quien calla asegura que no es porque algo se lo impida, sino porque no quiere. La mueca –que ni siquiera desaparece al dormir– es, según esa mirada, la cara del que contempla un mundo diabólico. No falta quien lleve el análisis un paso más allá: la maldad no se vence con bondad, sino con determinación feroz, fuego y espada. Así lo reza la cita atribuida a Karl Eckbrecht, para quien el hombre recto recibe de Dios la voluntad más fuerte y el arma más afilada. Una postura que, como era de esperar, también tiene su versión burlesca.
¿Silencio o espada? El dilema no tiene respuesta definitiva. Lo que queda claro es que la paciencia tiene un límite, y que la llamada “expresión de asco” es, en realidad, la mueca de la lucidez. Si el mundo no da motivos para el optimismo, lo más probable es que la cara siga igual. Salvo que alguien decida, como sugiere la máxima, cambiar el gesto por actos. Veremos.