Llueve en Barcelona, pero el agua no llega a los pantanos
Mientras en la ciudad caían más de 100 litros recogidos en un solo día, en las cuencas que alimentan los embalses del Llobregat y el Besòs la lluvia apenas aporta. La discusión de estos días en Catalunya no es si llueve o no —llueve—, sino por qué el agua que cae sobre el asfalto no se convierte en reserva útil. Y de fondo, una pregunta incómoda: ¿cuánto de la sequía es meteorología y cuánto es gestión?
La escena es fácil de reconstruir. Un vecino del área de Montserrat mide en su pluviómetro particular más de 100 litros entre el viernes y el sábado, con la tierra de su huerto casi embarrada. Otro, en la periferia de Barcelona, confirma que llueve desde primera hora de la mañana. En Madrid, en cambio, llevan toda la semana con agua y a nadie se le ocurre decir que el problema está resuelto. La lluvia cae, sí. Pero cae donde no se almacena.
Por qué la lluvia en Barcelona no llena los embalses
El argumento técnico que recorre la conversación es sencillo: los pantanos que abastecen el área metropolitana están río arriba, y lo que escurre del Tibidabo o de la sierra de Collserola no entra en ningún embalse del Llobregat ni del Besòs.
Llover en la línea de costa aporta poco a las reservas. Lo que sí sirve, apuntan, es la lluvia que cae en las cuencas altas y de forma sostenida, la que empapa el suelo en lugar de correr por la superficie y perderse.
De ahí que las cifras de precipitación urbana y las de reserva hídrica cuenten historias distintas. Un chaparrón de dos días puede dejar las calles empapadas y no mover un solo hectómetro cúbico en los pantanos.
Es el clásico espejismo pluviométrico: mucha agua en el pluviómetro del colegio, poca en el sistema.
El Ebro, las desaladoras y el plan hidrológico que no se hizo
Hay quien recuerda que el río que baja con caudal de verdad es el Ebro, y que buena parte de ese agua acaba en el mar tras su paso por los arroceros del Delta. La mención al
plan hidrológico nacional tumbado en su día aparece en la conversación como ejemplo de una decisión política que, según esta lectura, dejó sin trasvases al litoral mediterráneo.
Frente a eso, la alternativa que ya está en marcha: la desaladora del Prat, la mayor de Europa, con capacidad para
2.000 litros por segundo y funcionando a máxima presión, más otra instalación en la zona de Tordera-Girona. Es lo que, según este análisis, ha evitado cortes en el área metropolitana. El problema no es la falta de agua, sostienen, sino que esa agua es más cara y alguien tendrá que pagarla.
El relato de la sequía y el calendario político
La desconfianza hacia el relato oficial recorre todo el intercambio. Se apunta que los grandes medios insistirán en que las lluvias caídas no alivian la sequía, y se recuerda que los ciclos secos y húmedos han existido siempre. También aparece la sospecha, sin prueba alguna, de que se abre el grifo de los embalses por motivos que nada tienen que ver con la gestión hídrica.
Bulo, en algún caso, según las propias fuentes que se citan.
El punto más incómodo lo pone quien avisa de que en Sevilla la situación es catastrófica y que, después de Semana Santa y Feria, llegarán restricciones duras. Es decir: el problema no es solo catalán, y el calendario de las fiestas mayores condiciona cuándo se comunica la escasez.
¿Cuándo dejará de llover y qué pasará con los pantanos?
Los pronósticos que maneja la conversación apuntan a varios días de sol y subida de temperaturas tras un invierno frío, con temperaturas bajo cero en algunos puntos. La esperanza es que el campo absorba el agua acumulada antes de que llegue la primavera, que es cuando de verdad suele llover. Si abril no cumple, volverá la cantinela de los pantanos, las restricciones y las culpas cruzadas.
Y ahí sigue el dato que descoloca: en plena semana de lluvias, con pluviómetros particulares desbordados y desaladoras a tope, la reserva de los embalses que abastecen Barcelona no sube. O sube tan poco que no se nota. Llueve. Pero no donde hace falta.
Datos clave del episodio
- Más de 100 litros recogidos en un pluviómetro particular del área de Montserrat en un solo episodio
- Un colegio de Barcelona mide 2,5 litros en su pluviómetro durante una mañana de llovizna
- La desaladora del Prat tiene capacidad para 2.000 litros por segundo
- En Madrid llevaba lloviendo toda la semana según varios testimonios
- Temperaturas de hasta -3 grados en plena ola de frío invernal