2 litros de Coca-Cola al día: el precio de la sed en Chiapas
La anécdota personal de un joven peruano que consume tres botellas de 2,5 litros de Coca-Cola en dos días ha servido de chispa para un debate que trasciende lo trivial. Detrás de la exageración hay un dato incómodo: en Chiapas, México, el consumo per cápita de Coca-Cola alcanza los 2 litros diarios. No es glotonería: el agua del grifo no es potable y la embotellada cuesta más que el refresco. El resultado es una epidemia de diabetes que, según las cifras, mata más que el crimen organizado.
Cuando el refresco es más barato que el agua
En Chiapas, el estado más pobre de México, la penetración de Coca-Cola es abrumadora. Las familias optan por el refresco no por placer, sino por economía: una botella de 2 litros de Coca-Cola cuesta alrededor de 20 pesos, mientras que el agua embotellada del mismo tamaño puede superar los 25 pesos. El agua del grifo, cuando existe, suele tener un sabor desagradable o estar contaminada. Así, la multinacional estadounidense se convierte en la principal fuente de hidratación de millones de personas.
Diabetes: la otra epidemia
El precio de esta paradoja es demoledor. En México, la prevalencia de diabetes supera el 18% de la población adulta, una de las tasas más altas del mundo. La enfermedad se ha convertido en la primera causa de muerte en varios estados, por encima de los homicidios. Las autoridades sanitarias llevan años advirtiendo del vínculo entre el consumo de refrescos azucarados y la epidemia, pero los intereses comerciales y la falta de alternativas de agua potable bloquean cualquier cambio estructural.
El negocio de la sed
Coca-Cola no es ajena a esta realidad. La compañía ha sido acusada de prácticas predatorias en países donde el acceso al agua es limitado, desde la privatización de fuentes hasta el lobby contra impuestos a las bebidas azucaradas. El caso de Chiapas es el más extremo, pero no es único: en varias regiones de América Latina, el refresco compite directamente con el agua en precio y disponibilidad. El libre mercado, en este contexto, no resuelve la necesidad básica de hidratación saludable.
La paradoja de que un joven peruano en Valencia prefiera la Coca-Cola al jamón de Teruel no es más que la punta del iceberg. Detrás hay un negocio global que convierte la sed en enfermedad, y que seguirá alimentándose mientras el agua potable siga siendo un lujo. La predicción es que, sin intervención pública, la diabetes seguirá siegando más vidas que muchos conflictos armados.