La fatiga publicitaria del Mundial y el LGTBI: ¿por qué tantos anuncios?
Un corredor de montaña que, entre avituallamientos, veía ondear banderas arcoíris junto a carteles del próximo campeonato de fútbol. No buscaba ningún anuncio, pero los encontró en cada poste kilométrico. La escena, relatada por un aficionado al ciclismo durante el Tour, ilustra una sensación creciente: la saturación de campañas que mezclan el Mundial de Fútbol con los derechos LGTBI, en un volumen que muchos consideran excesivo.
¿Campañas forzadas o reflejo de la realidad?
El argumento recurrente es que «lo meten con calzador» porque saben que el interés genuino por el fútbol ha caído. Datos de audiencia de los últimos mundiales muestran descensos sostenidos en varios países europeos, mientras que la inversión publicitaria en soportes digitales y vallas se ha disparado. Hay quien señala que, en los años 90, bastaba un anuncio en televisión para llenar estadios; ahora se necesita una campaña 360 grados que incluya mensajes sociales para intentar captar a un público más amplio.
Contraste con la experiencia callejera
Sin embargo, un paseo por cualquier ciudad española muestra que no todo el mundo percibe la misma saturación. Mientras unos denuncian que «no hay esquina sin cartelito del horjuyo», otros aseguran no haber visto ni uno. Esa brecha perceptiva indica que la segmentación publicitaria funciona: se bombardea a quien ya está en el ecosistema digital o vive en zonas de alta densidad, pero fuera de ahí el mensaje no llega.
El dato que descoloca al final: con la cercanía del Mundial 2030 —cuyos derechos de emisión ya están en negociación— la presión no hará más que aumentar. Y entre tanto anuncio, hay quien ya ha optado por mirar exactamente cero minutos de fútbol.