Dolarizar Argentina: la vía de Milei que desata entusiasmo y alarma
¿Puede un candidato que promete dolarizar Argentina arreglar un país con una inflación anual que un forero cifra en el
200%? El vídeo del economista Javier Milei, difundido con la advertencia «No podremos decir que no sabíamos», reabre un pleito que no admite términos medios. Hay quien lo sitúa entre los mejores economistas que ha escuchado, con conferencias que exigen una base sólida para seguirse, y quien lo describe como un peligro que va a prender fuego al país con todos dentro. Entre ambos extremos, el diagnóstico que sobrevuela el hilo: las cifras argentinas son catastróficas.
¿Por qué hay quien considera a Milei un economista excepcional?
La defensa que de él se hace se apoya en la formación, no en el titular fácil. Se citan conferencias impartidas mucho antes de que fuera conocido, sobre asuntos que exigen base previa. El ejemplo que se menciona es la dicotomía inválida por ecuaciones de grado uno y dos: quien lo reivindica sostiene que fue el único capaz de explicárselo y que, para seguirlo, hay que tener estudios económicos serios o perderse.
De ahí salta a la política. La idea que repite y que vertebra su campaña es sencilla:
hacer oficial lo que ya hace todo el mundo, es decir, dolarizar, y desmontar las estructuras de empleo público. No pide intelectuales, pide ideas claras, porque sostiene que quien plantea eso en Argentina acaba fuera de juego por la vía rápida.
Las cifras que esgrime un forero: 200% de inflación y nueve bancarrotas
El diagnóstico que alimenta ese entusiasmo es, según quien lo defiende, un rosario de datos:
inflación anual del 200%,
nueve bancarrotas en medio siglo, delincuencia, desnutrición en zonas del país y un peso que funciona como referencia nominal mientras buena parte de las operaciones se hacen en dólares. Todo ello en un territorio que, según ese mismo argumento, produce alimentos para cientos de millones de personas.
A eso se añaden, en su relato, las trabas: control del mercado cambiario,
retenciones del 35% a las exportaciones, jubilaciones sin aportes y ayudas para piquetes. El ejercicio que se plantea es mental: llevar la legislación argentina a Australia y la australiana a Argentina. Con las leyes cambiadas, el resultado se invierte en cinco años, sostiene este cálculo.
El recelo que llega desde la derecha propia
No todo el rechazo viene de la izquierda. Existe una crítica incómoda que llega desde el flanco ideológico más cercano: que su
anarcocapitalismo es, en la práctica, lo más contrario al Estado y a la nación; que la no injerencia en el libre mercado promueve la inmigración sin control; y que, en ese sentido, sería más dañino que aquello a lo que dice combatir.
En esa línea circulan sospechas de mayor calado, como la de ser disidencia controlada o la de mantener alianzas con Israel y Estados Unidos. Ninguna va acompañada de prueba verificable: pertenecen al terreno de la especulación política, no al de los hechos, y conviene separarlas del debate económico real.
Trump, Pablo Iglesias y Jesús Gil: el problema del estilo
El otro frente es estético. Se le compara con un
Trump argentino mezclado con Pablo Iglesias, con un cómico de altos vuelos o con un personaje incapaz de entrar en un parlamento serio. Una de las imágenes que circulan es la de un Jesús Gil de la economía: carisma bruto, mensaje simple y mitin como espectáculo.
Ahí aparece la contradicción. Quienes censuran ese registro reconocen al mismo tiempo que conecta con el votante harto. Y desde España se añade una capa: el deseo de tener aquí un perfil así, que hable de economía en lugar de banderas, frente a una clase política muy educada que lleva décadas tratando al electorado como si no supiera sumar.
¿Por qué se discute el caso Milei fuera de Argentina?
Porque se lee como espejo. La tesis que circula es que España camina hacia una versión local del problema argentino a corto y medio plazo, con la diferencia de que allí la gente funciona al margen del Estado y guarda sus ahorros en dólares. De fondo, la pelea ideológica: si el modelo agotado es el comunismo, ausente de la conversación desde hace décadas, o la
socialdemocracia construida como respuesta al otro lado del muro.
En ese marco se rescata una reflexión de
Murray N. Rothbard, de la Escuela austriaca, sobre por qué el libertarismo recurre a las mismas armas populistas que la izquierda para acercarse a quien no lee ensayos. Aquí la conclusión no es que Milei sea un peligro: es que ha entendido antes que nadie dónde vive el votante medio.
Mientras el país decide si su salvador es un genio o un incendiario, buena parte de los argentinos sigue resolviendo su día a día en dólares, dentro o fuera del país, al margen del Estado.