Los anglos descubren el defecto de España: autocrítica sin complejos
Una corriente de análisis ha puesto sobre la mesa la supuesta mediocridad de la vida social española comparada con la anglosajona. El argumento: aquí se habla de trivialidades, el 80% del tiempo social se dedica a rajar del ausente y el humor es de baja calidad. Frente a ello, surge una réplica igual de rotunda: los anglosajones no son precisamente un modelo de sofisticación, sino que arrastran un historial de comportamientos cuestionables. El debate se cruza, además, con la polémica sobre la agenda 'woke', aunque sin aportar datos concretos.
Quien ha vivido fuera señala la falta de variedad temática: España no pasa del cotilleo y el chascarrillo fácil. Pero quien ha convivido con británicos o estadounidenses sostiene que la curiosidad intelectual brilla por su ausencia y que su supuesta superioridad moral es una fachada.
La ironía del asunto es que ambas posturas pueden tener razón, pero ninguna ofrece cifras. No hay encuestas sobre la profundidad de las charlas informales. Lo que sí hay es una percepción generalizada: la cultura española premia lo superficial, pero la anglosajona no es ningún baluarte de la Ilustración.
Con estas premisas, el verdadero 'defecto de España' podría no ser la falta de intelecto, sino la incapacidad de verse sin complejos. Mientras unos se flagelan y otros se inflan de orgullo patrio, el debate sigue sin resolver si el problema es la mediocridad o la mirada ajena. La respuesta, probablemente, está en un punto intermedio que nadie quiere explorar.
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