El hilo pasa del contrato al barrio: el piso estaba en el Retiro
El hilo cambia de diana otra vez. Ya no se pelea por el contrato: se pelea por el código postal. Un tuit pegado este
23 de septiembre pone ficha al piso —calle
Sainz de Baranda, barrio del
Retiro, una de las zonas más caras de Madrid— y fecha la mudanza de la familia en
1956, cuando la inquilina tenía 17 años. Con ese papel sobre la mesa, medio foro deja de hablar de una señora y empieza a hablar de un barrio. Y de una protesta que unos ven enorme y otros meten en un autobús.
Qué se ha sabido
Dos tuits abren el tramo, los dos pegados por el mismo forero.
El primero cuenta que la policía retrocede «por la cantidad de gente que hay en la manifestación», habla de «aires del 15M» y de mucha gente joven. El segundo recoge la sentada en la Castellana ante la Policía y una frase de los concentrados: «Si algo nos ha enseñado Maricarmen es a luchar hasta el final». Ni se discuten: se pegan y se sigue.
El 15M aparece dos veces en el tramo y desde sitios opuestos. En el tuit, como elogio de la marea. En curvilineo, como reproche:
que si nueve años de gobiernos de izquierda y todo sigue igual que entonces.
El tuit que ordena la discusión es otro. Lo trae sasuke y se presenta como un desmontaje del relato: sitúa el piso en el
Retiro, en la calle Sainz de Baranda, y la entrada de la familia en
1956. Ahí se engancha medio hilo.
Vikingo2016 suelta otro dato, este sin fuente: ha visto un vídeo en el que se habla de que se barajan elecciones el
14 de febrero. Nadie lo comprueba. Difusion pega dos veces el enlace a burbuja.info y no añade nada.
Y llegan las cuentas de años, cada una a su manera. Curvilineo cuenta
nueve de gobiernos de izquierda. Bailongo cuenta
ocho de Ministerio de Vivienda. Luftwuaje cuenta
más de cincuenta desde que, según él, la inquilina sabía que algún día tendría que irse. Tres cifras redondas, tres maneras de repartir la culpa.
Taxis. cambia el tono: dice que lo realmente cruel es que viva sola y abandonada y que su calidad de vida mejorará. Es la única nota del tramo sin pelea dentro.
Dónde está la bronca
Primero, cuántos fueron. RFray lo despacha: «Cuatro pelagatos mal contaos. Por ahora caben en un autobús». Enfrente están el tuit de la policía retrocediendo y las fotos de la Castellana cortada. Nadie cuenta cabezas, pero los dos lados hablan como si hubieran contado. MICROLITO añade su capa: los manifestantes, dice, llegan en patinete y en coche eléctrico.
Segundo, de quién es la culpa. Luftwuaje sostiene que la señora sabía desde hace medio siglo lo que venía y no hizo nada cuando pudo. Turek le contesta que la responsabilidad es de los que compraron un piso tirado de precio para quintuplicar el alquiler. Rebel6000 lo lleva a otro terreno: «Por qué le tienen que ceder nada? Confundes la caridad con la justicia social». Y otro participante pone la renta en
400 euros al mes y lo usa para decir que vive en el barrio más rico de Madrid,
sin decir de dónde sale la cifra.
Tercero, la psy op. Rodolfo Langostino lo resume en dos palabras. Bailongo lo desarrolla: «La izquierda controla la calle y el relato». Del mismo lado, varios sostienen que todo esto es una operación para desviar la atención de otros asuntos. No aportan pruebas. El jinete pálido les contesta que el desvío es justo lo contrario y corta: «Esa NO es la cuestión». Y hay quien se cabrea con todos: INE apunta al juzgado que ordenó el desahucio y a la policía por obedecer, y pregunta si la ley mordaza sigue en pie.
Cuarto, y esto es lo nuevo, la bronca es sobre el foro. Zapatitos suelta que aquí nada es real y que se discute por entretenimiento. Turek responde: «En la calle igual». Zapatitos insiste en que los temas de la calle no se parecen en nada a los de aquí. Nadie le quita la razón y nadie se la da.
Qué cambia respecto a antes
El contrato sale del foco. Lo que era una pelea por papeles y cifras es ahora una pelea por un barrio y por una fecha,
1956, que convierte a la familia en inquilina de toda la vida del Retiro. El dato se usa para lo de siempre, pero al revés: para unos, vivir ahí es un privilegio; para otros, es la prueba de que aquello era la casa donde alguien creció.
Entra también una fecha electoral, el
14 de febrero, sin que nadie la confirme. Entra la sospecha de psy op aplicada a todo el asunto, ya sin pruebas y sin que casi nadie las pida. Y entra, por primera vez, la duda sobre si lo que se discute aquí tiene algo que ver con lo que se habla en la calle.
Lo que no cambia: nadie ha visto el contrato, nadie ha visto la sentencia, nadie ha contado a los manifestantes. El tramo acaba en el mismo desacuerdo en el que empezó, solo que ahora la discusión incluye si discuten o no.