El precio del huevo sube mientras se estrecha el cerco al gallinero casero
La docena de huevos M ha roto la barrera de los 3 euros en algunos supermercados, según un forero. La explicación oficial apunta a la gripe aviar en Estados Unidos, donde se sacrificaron 160 millones de gallinas. El problema es que aquello ocurrió hace tiempo y el precio no ha vuelto a bajar. Al contrario: sigue subiendo. Y ahí empieza un rastro que lleva del corral de casa al BOE.
Juan Roig, presidente de Mercadona, atribuyó el encarecimiento a la mortandad de gallinas ponedoras en Estados Unidos. La respuesta más repetida en la calle fue de sentido común: los huevos que se venden en España no vienen de allí. El argumento oficial se sostiene mal cuando se compara con lo que pasa en el propio país.
El registro obligatorio de gallinas y el coste real
Desde hace meses, quien tiene gallinas para autoconsumo debe registrarlas y asignarles un veterinario. La medida se presenta como control sanitario. En la práctica, el pequeño productor se enfrenta a una carga burocrática que muchos consideran desproporcionada para cinco animales. Hay quien sostiene que el objetivo no es la sanidad, sino
invitar al aficionado a dejarlo.
El cálculo no es trivial. Pienso, gallinero, vacunas y desparasitantes convierten cada docena en un producto de lujo, según un testimonio. Varios testimonios apuntan a que los desparasitantes y las vacunas ya no se venden con la facilidad de antes, lo que deja al aficionado sin herramientas para mantener las aves sanas. Si enferman, se mueren. Y si se mueren, no hay huevos.
¿Por qué sube el precio si las gallinas caseras son el 1%?
Aquí está la grieta del relato. Un participante sostiene que las explotaciones particulares son residuales, en torno al 1% de la producción. Aunque desaparecieran todas, el efecto sobre el precio sería marginal. El argumento se cae solo. Pero el precio sigue subiendo.
La explicación más sólida apunta a otro lado: la presión normativa sobre las granjas pequeñas y medianas. Las normas europeas de sanidad animal y las exigencias de trazabilidad están empujando al cierre a explotaciones familiares que no pueden asumir los costes de adaptación, según se afirma en el debate. Menos operadores, más concentración. Y cuando cuatro o cinco grandes productores controlan el mercado, la fijación de precios deja de ser una teoría, sostienen algunos.
De las gallinas al pescado: el patrón que se repite
El paralelismo con el sector pesquero es el argumento más incómodo del debate. Primero se exigió el diario electrónico de a bordo y la comunicación en tiempo real de las capturas. Después llegaron las multas al marinero que desembarca con una bolsa de pescado para casa. La trazabilidad como caballo de Troya.
En agricultura pasó algo parecido con los fitosanitarios: sin carnet de aplicador no te los venden. El que los necesita se los pide al vecino. La norma no elimina la práctica, la desplaza a un limbo donde nadie controla nada. Aplicado a las gallinas, el resultado es un mercado negro de vacunas y desparasitantes que ya se está gestando, según algunos participantes.
El precio que no baja: inflación, exportación y otras hipótesis
Hay quien señala que el dinero vale menos y que todo sube. Es cierto, pero insuficiente. La inflación no explica por qué el huevo sube más que otros alimentos. Otras hipótesis que circulan: el aumento de exportaciones a terceros países, el encarecimiento de la energía y el pienso, y la sospecha de que los grandes productores han aprovechado la coyuntura para fijar precios al alza.
La comparación internacional que se cita en el debate es llamativa: en Moscú, la docena ronda los 0,60 euros. No es un paraíso, pero invita a preguntarse por qué en España se paga cinco veces más. La respuesta no está en la gripe aviar.
El cerco se estrecha por arriba y por abajo: al pequeño productor se le ahoga con papeleo y al mediano con normativa. Quedan las macrogranjas. Y cuando solo quedan macrogranjas, el precio lo pone quien quiere. ¿Alguien cree que volverá a bajar?