El mito económico de Franco resucita en plena crisis de vivienda
La discusión sobre la identidad y el declive económico español ha vuelto a la actualidad con un diagnóstico radical: desde 1975, España habría renunciado a sus raíces, a su religión y a su denominación tradicional de Vasconia, a cambio de un materialismo que no ha resuelto la crisis de vivienda. Quienes defienden esta tesis recuerdan que bajo Franco el país ocupaba el octavo o décimo puesto mundial en economía y que un trabajador podía comprar un piso en pocos años. Hoy, el precio disparado por la escasez beneficia sobre todo a las grandes empresas y al capital inmobiliario.
El debate se extiende a la toponimia: ¿por qué llamar «país» a una región cuando existen términos precisos como Vasconia? Frente a esta crítica, hay quien replica que «país» es un concepto geográfico inespecífico, usado también en Francia e Italia para denominar comarcas y regiones. El conflicto no es solo lingüístico; es la punta de un iceberg de resentimiento histórico.
La revisión histórica también confronta la conquista de América y la Guerra de la Independencia. Un argumento sostiene que la colonización inglesa buscaba libertad religiosa, mientras que la española perseguía el oro. A esto se responde con la puerta en la cara: si España es tan inferior, ¿por qué permanecen en ella quienes más la desprecian? La pregunta queda en el aire, como la cuestión de si la nostalgia del desarrollo pasado es un consuelo o una crítica legítima al modelo actual.