El 50% de los españoles de 35 a 39 años ya está soltero
El Instituto Nacional de Estadística deja un dato que no admite interpretación: en 2006 había un 27% de solteros en la franja de 35 a 39 años y en 2024 ya son el 50%. España ha ganado 1,2 millones de solteros en tres años. El 45,8% de la población estaba casada en 2024, el 34,9% soltera, el 7,8% divorciada o separada y el 7% viuda. La tendencia no es local. El movimiento 'Happy alone' llegó desde Corea del Sur, donde los jóvenes lo adoptaron desde 2017 bajo el concepto 'honjok' —combinación de las palabras coreanas para «solo» y «tribu»— y donde la tasa de fertilidad cayó al nivel más bajo del mundo en 2021.
Qué hay detrás del 'Happy alone' español
La psicoterapeuta Francie Healey publicó en 2020 'Honjok. El arte de vivir en soledad' (Libros Cúpula), donde explicaba que muchas mujeres habían decidido salir de la jerarquía social y de la presión: para ser madres deben dejar la carrera profesional de lado, y eso no es fácil de asumir. En España el patrón se repite. Cada vez más mujeres deciden estar solteras pese a la presión social, como algo que les aporta bienestar y porque, confiesan, no encuentran una pareja madura o responsable para formar una familia.
La psicóloga Olga Barroso, especialista en violencia de género, igualdad, trauma y apego, lo resume con una metáfora tenística en 'Rupturas' (Shackelton Books, 2026): para jugar al tenis con alguien, ese alguien tiene que saber y querer jugar al tenis contigo. Si no sabe, se pone a tomarse un té en su campo; si es peor, te dice que saques tú y que devuelvas sus golpes mientras él lee el periódico. «Si la mayoría de los hombres con los que te has cruzado no saben jugar al tenis, o no quieren jugar con una mujer, puede que desistas», concluye.
El cálculo económico que nadie pone por escrito
Barroso añade una capa que suele omitirse: una relación de mala calidad «puede no hacerte sentir mal, pero te va sentando mal, te va intoxicando poco a poco hasta que puede dejar tu salud emocional muy deteriorada». Y matiza que si estar sin pareja genera un peaje insoportable, probablemente hay una herida previa de socialización patriarcal o de falta de buen trato. La buena noticia, dice, es que se repara: para estar feliz sin pareja hace falta una red de apoyo emocional de calidad, saber que cuentas con personas que te quieren y que no te dejarán caer.
El trasfondo material es más prosaico. Buena parte del desencuentro se juega en expectativas cruzadas: hay quien sostiene que muchas mujeres buscan un compañero que aporte estabilidad, implicación doméstica y proyecto común, mientras una parte de los hombres —los que no están tiesos, según la formulación más repetida— no quieren poner en riesgo su patrimonio ni cargar con un contrato implícito que perciben como asimétrico. El resultado es un mercado con dos lados que se miran con recelo y pocos puntos de encuentro.
La brecha de expectativas, en cifras
La conversación deriva pronto hacia el reparto de cargas. Hay quien sostiene que el Estado ha sustituido al varón como proveedor de facto: pensiones, subsidios y ayudas garantizan una renta mínima que reduce la dependencia económica de una pareja. En contra pesa el argumento de que esa renta es miserable y no compensa la pérdida de un proyecto vital compartido. El cálculo completo, desglosado partida a partida —vivienda, cuidados, fiscalidad, herencia—, da un diferencial que sorprende y que rara vez se pone encima de la mesa.
Otra corriente apunta a un cambio de fondo en el calendario. Se argumenta que la ventana de máxima fertilidad y de formación de familia se ha estrechado por la precariedad laboral, el retraso de la emancipación y la priorización de la carrera. Cuando esa ventana se cierra, las reglas del juego cambian para ambos lados y el desencuentro se cronifica.
Lo que dicen los datos del INE
El INE no opina: solo cuenta. En 2024, el 45,8% de la población estaba casada, el 34,9% soltera, el 7,8% divorciada o separada y el 7% viuda. La franja de 35 a 39 años pasó del 27% de solteros en 2006 al 50% en 2024. Y España sumó 1,2 millones de solteros en tres años. Detrás de cada punto porcentual hay una decisión individual, pero también un mercado matrimonial que se ha vuelto más exigente, más caro y más desconfiado.
¿Es la soltería una elección o un refugio? La respuesta depende de a quién se pregunte, y ninguna de las dos partes parece dispuesta a moverse primero.