El 20% de munición de Israel y el anzuelo de una guerra urbana
¿Se puede invadir
Gaza con la despensa medio vacía? La cifra que se repite en las últimas jornadas —sin fuente verificable— es que Israel afrontaría una ofensiva terrestre con
solo el 20% de su arsenal. Sobre ese número se ha levantado una teoría que ya tiene defensores y detractores: Hamas no se habría lanzado al vacío, habría calculado el ataque para arrastrar a Israel a una guerra de infantería donde la superioridad aérea vale menos y donde las milicias pueden desangrarlo calle a calle con un flujo inagotable de voluntarios.
La brutalidad del asalto y la captura masiva de civiles encajarían en ese diseño: Israel no puede permitirse declarar que renuncia a cientos de sus ciudadanos. La munición, entonces, funciona como reloj de arena. «Los planes a veces no son ni malos, ni regulares ni buenos, son simplemente el plan posible, o el imposible, y este de Hamas es el unico posible», resume uno de los análisis que circulan.
¿De dónde sale la cifra del 20% de munición israelí?
De ningún documento público conocido. Es un cálculo que corre por redes y que el propio material discute sin aportar respaldo. Enfrente, la respuesta es que llegan cargamentos de armamento y que la presencia naval en la zona se ha reforzado. Es decir: si la premisa es cierta, Israel entra en una trampa; si es falsa, el anzuelo entero se desmorona.
Ahí aparece un ingrediente que conviene separar del dato. Una línea sostiene que la explosión del puerto de Beirut no fue un accidente y la presenta como advertencia. Esa hipótesis no tiene ninguna prueba detrás y se usa como recurso retórico. Mezclar eso con la munición real permite vender cualquier escenario.
El precedente de las milicias Basij en la guerra entre Irán e Irak
Para explicar qué significa eso de «voluntarios infinitos», el paralelo que más se repite es el de la guerra entre Irán e Irak, donde un ejército materialmente inferior compensó con masa humana. «Los requisitos para formar parte de ellas son sencillos: ser irani, varon y de cualquier edad . Se alistan miles y miles», se recuerda.
De aquel episodio quedó una cita atribuida al dirigente iraquí: por más que mataran, venían cientos y cientos más. El problema de trasladar el esquema a Gaza no es ideológico, es geográfico: hace falta una frontera por la que esa gente pueda entrar, y los números que se barajan —se habla de 100 millones de posibles voluntarios— no han cruzado nunca un paso cerrado.
¿Cuántos combatientes tiene Hamas y cuánto aguanta Gaza?
Las cifras son dispares. Según la referencia que se cita, Hamas tendría alrededor de
20.000 militantes, de los que apenas unos 4.000 serían combatientes con preparación. Otras estimaciones elevan el total hasta los 200.000. La horquilla va de una fuerza irregular a un ejército.
El terreno tampoco invita a una defensa larga. Se describe una Gaza de edificios levantados sin ferralla, que se desploman enteros, y de túneles como último recurso. Con
300.000 soldados desplegados y cientos de blindados esperando, la pregunta no es si habrá asalto, sino sobre qué escombros se librará.
De Vietnam a la kasbah de Argel: la guerra urbana como igualador
El recuerdo recurrente es Dien Bien Phu y la experiencia argelina, dos casos en los que una potencia militarmente superior se atascó en el escenario equivocado. No son comparaciones exactas y quien las usa lo sabe de sobra.
Lo que comparten los escenarios urbanos es que convierten la distancia en un problema y el escombro en cobertura. Sobre eso se construye la expectativa de bajas elevadas para ambos bandos y de una resistencia casa por casa, sin retirada posible.
¿A quién representa Hamas y qué coste civil se pone sobre la mesa?
La objeción más repetida al plan del anzuelo es su precio:
30.000 muertos palestinos y una franja arrasada sin posibilidad de reconstrucción, según los escenarios más citados. A cambio de eso, ¿qué queda?
Del otro lado se responde que quien quiere el conflicto no es la población, sino la organización armada y quien la respalda. Y se discute si Hamas representa a los palestinos o solo a una parte, con el recuerdo de que la Presidencia palestina no pertenece a Hamas y de que en Cisjordania se reconoce el Estado de Israel. Es un terreno resbaladizo y cada bando lo pisa a su conveniencia.
La historia que se discute: del Imperio otomano al reparto de 1948
Cualquier discusión sobre el conflicto acaba en el siglo XIX. La exposición más ordenada recuerda que la tierra que hoy es Israel estaba en manos del Imperio otomano, con judíos, árabes y cristianos conviviendo; que tras la Primera Guerra Mundial pasó a administración británica; y que después de la Segunda se decidió crear un Estado judío y otro árabe.
Es un marco útil y, a la vez, el punto donde cada parte coloca su agravio. Lo que no cambia es el cálculo militar inmediato: cuánta munición queda, cuántos soldados esperan y cuántos civiles hay en medio. Sobre lo demás, como siempre, opiniones.
Todo encaja si uno acepta la premisa de partida: Israel se queda sin balas justo cuando le llegan cargamentos por mar y por aire, y 200.000 voluntarios cruzarán una frontera cerrada. Un plan perfecto, siempre que el enemigo colabore.