Sanidad atribuye 1.060 muertes al calor en un julio que muchos recuerdan fresco
El Ministerio de Sanidad publicó un balance que deja a cualquiera con la ceja levantada:
1.060 fallecidos en julio por altas temperaturas, un
57% más que el año anterior. El mensaje oficial pide hidratarse, protegerse y cuidar a los mayores. Hasta ahí, el guion de cada verano. El problema es que ese mismo julio, según coinciden quienes lo vivieron, no dio para tanto: hay quien asegura que no pudo pisar la piscina porque no hubo un solo día bueno. La contradicción entre el dato y la sensación térmica es el corazón de todo lo que vino después.
El sistema que cuenta los muertos y no sabe por qué murieron
La pieza que más incomodidad generó fue el método. El sistema de vigilancia diaria de la mortalidad detecta un exceso de defunciones y lo reparte entre causas. Según se desprende del propio material difundido,
no siempre puede determinar si un fallecimiento se debió a un golpe de calor o simplemente ocurrió con calor. Esa ambigüedad, reconocida de forma explícita, es la que dispara las sospechas: si la causa no se puede aislar, ¿cómo se llega a una cifra exacta de 1.060?
Hay quien recuerda que este mismo sistema ya se usó antes. Durante febrero y la primera semana de marzo de 2020, sus registros mostraban una mortalidad por debajo de la media con el virus circulando. Solo se disparó días después de activarse los protocolos en residencias y hospitales. Ese precedente alimenta la tesis de que la herramienta sirve para justificar cualquier relato según convenga.
¿Por qué se cuestiona que el calor matara a tanta gente en julio?
Porque la física no cuadra, dicen. El argumento más repetido es que si el calor fuera el culpable, la mortalidad debería concentrarse donde más aprieta y cuando más aprieta. Y ocurre lo contrario:
mueren más personas donde hace más frío y cuando hace más frío. Un estudio publicado en
The Lancet cifra en 22.000 las muertes anuales por frío en España frente a 4.000 por calor. El frío multiplica por cuatro al calor. Con esa proporción, atribuir más de mil muertes a un solo mes de verano exige explicaciones que nadie ha dado.
La comparación internacional tampoco ayuda. En zonas tropicales con temperaturas sostenidas muy superiores a las españolas no se observa un pico de mortalidad equivalente. Si el calor fuera el factor determinante, el patrón debería repetirse a escala global.
De la pobreza energética al exceso de mortalidad sin explicar
Otra línea de análisis apunta al invierno. Se sostiene que la pobreza energética —familias que no pueden calentar la casa— está detrás de un número creciente de fallecimientos por enfermedades respiratorias, y que esas muertes no reciben ni una fracción de la cobertura mediática que recibe el calor. La hipótesis no es descartable, pero tampoco está cuantificada en el material disponible.
El tercer frente es el demográfico. Hay quien señala que la edad media de los fallecidos ronda los 95 años y que atribuir el fallecimiento a una única causa en personas de esa edad es metodológicamente temerario. En esa franja, cualquier episodio —una gripe, una deshidratación leve, una infección— puede ser el desencadenante final. Contarlo como muerte por calor es una decisión editorial, no un hallazgo científico.
El caso de Badajoz y el problema de atribuir cada muerte a una causa
Entre los episodios citados aparece uno que no admite estadística: un residente de un centro de Badajoz fue dejado en la calle después de comer y, al volver por él horas más tarde, había fallecido. Es una negligencia con responsables identificables. La pregunta que sobrevuela es si ese tipo de caso acabará sumado al cómputo del cambio climático o si alguien asumirá la responsabilidad concreta.
El patrón recuerda a la contabilidad de la pandemia, cuando se contabilizaron como muertes por COVID fallecimientos por cáncer, accidentes domésticos o caídas. La sospecha de que ahora se hace lo mismo con el calor no es una prueba, pero explica por qué una cifra oficial genera rechazo inmediato en una parte de la opinión.
Queda la pregunta incómoda: si el sistema no puede distinguir entre morir por calor y morir con calor, ¿sobre qué base exacta se firma un comunicado con 1.060 nombres y un 57% de aumento?