Un MacBook Pro cuesta 1.155 € y un Sony equivalente, 525 €
El sobrecoste del que todos hablan tiene una cifra concreta. En junio de 2013, elegir entre un Mac o un PC era decidir entre un MacBook Pro de 13 pulgadas —procesador i5, 1 GB de gráfica y 4 GB de RAM— por
1.155 € y un Sony Vaio de 15,5 pulgadas por
525 €, con el mismo i5, la misma gráfica, el doble de RAM, 320 GB de disco y lector de Blu-ray, según los precios que maneja un forero. Más del doble por menos memoria. La pregunta que abre cualquier compra es idéntica: ¿ese desembolso extra se recupera con años de servicio o es dinero tirado?
La respuesta no la da una hoja de cálculo, sino el tiempo. Y ahí las experiencias se parten en dos bandos irreconciliables.
¿Cuánto dura un Mac frente a un portátil de PC?
Los defensores de la manzana no hablan de prestaciones, hablan de aguante. Hay quien lleva
cuatro años con un iMac sin un solo cuelgue, sin reconfigurar nada y sin pelearse con el antivirus. El caso más llamativo es el de una empresa con seis iMac de la hornada de 2007: seis años con el sistema operativo de fábrica, sin formatear ni reinstalar una sola vez, moviendo Adobe, Eclipse, Final Cut y varias pestañas a la vez «como el primer día». Otro balance resume tres años de MacBook Pro frente a dos portátiles convencionales que cascaron en el mismo periodo en el entorno doméstico.
Frente a eso, el argumento del precio se acepta a regañadientes incluso entre los conversos. Quien tiene un Mac mini asegura estar contento con el sistema operativo, pero reconoce que
escuece saber que ha pagado un sobrecoste por un hardware «tan justito». No es la única pega: según recuerda otro participante, la gama portátil de Apple renuncia a componentes intercambiables, así que ampliar RAM o disco queda fuera de toda discusión. Lo que se compra, se compra para siempre.
Los PC que también aguantan años sin averías
La otra orilla tiene sus propios supervivientes. Un portátil ASUS va «como el primer día» camino de los seis años. Un Acer resiste desde hace años, y en la misma familia conservan otro con doce años de antigüedad. La marca que más se repite cuando se piden alternativas fiables apunta a Dell —comprando en su web, pagando algo más— y a Lenovo, con la serie Thinkpad y su X1 Carbon a la cabeza.
Y luego está el que monta el equipo a piezas. Con
600 € en componentes de sobremesa se mueve Crysis a los requisitos recomendados, según el forero que acaba de montarlo. La pega es la movilidad: si el equipo no se mueve de la mesa, un sobremesa a medida gana casi siempre. Para jugar en serio, la recomendación que se repite es un portátil de marcas específicas para jugadores o directamente una consola.
¿Puede un MacBook Air mover juegos como Battlefield?
La respuesta que dan quienes responden es no. Intentar correr títulos de última generación en un ultraportátil acaba con el equipo frito: no está diseñado para esa carga y la refrigeración no da. Quien quiera jugar en un portátil tiene que irse a marcas especializadas o conformarse con una base refrigeradora. La alternativa que se repite es separar los usos: consola para jugar, ordenador para trabajar. A eso se suma la menor disponibilidad de software y juegos en macOS, uno de los costes que señala un participante del ecosistema cerrado.
El informe de fiabilidad que enfrenta a Apple y HP
Uno de los datos que se lanza sobre la mesa es el informe de fiabilidad de Rescuecom, en su edición de 2013. Un forero lo cita para señalar que en esa lista Apple aparecía con más problemas que HP, algo que le lleva a poner en duda su credibilidad, mientras otro participante lo despacha como una chorrada porque se construye sobre
porcentajes de llamadas telefónicas para pedir soporte, lo que mide problemas atendidos, no necesariamente averías reales.
La marca que se lleva la peor parte en las experiencias personales es HP, que acumula quejas por batería, ventiladores con ruido insoportable y lentitud. Aun así, la idea que se repite es que el problema no es el PC como categoría, sino el fabricante concreto. Por ahí desfilan Dell, Toshiba, IBM, Acer, Fujitsu, Sony y HP, y de ese recorrido sale una moraleja sencilla: la fiabilidad depende del modelo, no del sistema operativo.
El momento en que la discusión se atasca
Llegados a este punto, el análisis se queda sin cerrar. Unos sostienen que el producto bueno se amortiza porque dura el doble; otros replican que un sobremesa a piezas por la mitad de precio también aguanta años. Y en medio, la pregunta de siempre: para el uso real —navegar, trabajar, ver vídeos—, ¿de verdad hace falta pagar el doble? Nadie ha puesto sobre la mesa un cálculo que cierre la brecha.
Quizá porque no existe.