Rubiales y el beso a Jenni Hermoso que la Federación manda borrar
Un segundo de celebración que ha acabado pesando más que el propio título. En plena fiesta por el Mundial femenino, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, agarró la cabeza de la jugadora Jenni Hermoso y la besó en la boca. Según se difundió, las mismas grabaciones lo muestran llevándose la mano a la zona de la entrepierna durante el festejo, delante de la reina Letizia y de la infanta. Y sobre ese material se ha levantado una segunda polémica: la Federación, según lo que circuló en redes, estaría denunciando los vídeos
por derechos de autor para hacerlos desaparecer.
Los vídeos del beso y el borrado por derechos de autor
Los mensajes que abrieron el asunto no hablaban solo del beso. Hablaban de que la Federación estaba retirando de las plataformas las imágenes del gesto y del episodio con la mano, y animaban a no compartirlas. La paradoja la resumía el comentario más repetido: cada vídeo denunciado volvía a subirse, y con más ganas. Hay quien decía, sin más, que se lo había guardado antes de que lo borraran.
Aquí el detalle técnico importa más de lo que parece. Una reclamación por derechos de autor es un mecanismo automático y baratísimo: no exige juez, ni demanda, ni coste apreciable, y en la práctica tumba el contenido en horas. La duda que sobrevuela es si esa herramienta se usó para proteger una obra o para tapar una escena. Cualquier titular de derechos puede pedir la retirada; demostrar después que tenía razón es otra cosa. Esa asimetría es, probablemente, el verdadero hallazgo del episodio.
Y hay un efecto secundario que ninguna reclamación logra evitar: el borrado funciona como altavoz. Lo que no se ve en la cuenta oficial reaparece en cien cuentas nuevas, cada una con su copia, y la conversación se desplaza del hecho a la censura. El intento de silenciar un vídeo se convierte en la razón para buscarlo.
¿Qué dijo Jenni Hermoso y qué pasó con el perdón de Rubiales
Según lo difundido, Jenni Hermoso sostuvo en su comunicado que en ese momento se encontraba en shock y calificó el gesto como un pico no consentido. Es la pieza que desmonta el argumento más cómodo: que aquí nadie se ha quejado y que los ofendidos son otros. Rubiales pidió perdón. Lejos de calmar el asunto, el perdón sirvió de gasolina —ironía habitual— y multiplicó las voces que reclamaban su destitución al frente del organismo.
¿Fue un beso espontáneo o una conducta denunciable?
Las dos lecturas están sobre la mesa. Una parte lo reduce a la euforia de un título histórico y sostiene que no hay nada denunciable, que todo fue una felicitación fuera de lugar y que se está juzgando un gesto por el relato y no por el hecho. La otra considera que un cargo público no puede agarrar la cabeza de nadie para besarla, y menos con las cámaras delante, porque quien lo hace sabe que la otra persona difícilmente va a rechistar en ese contexto.
El punto donde ambas corrientes se cruzan es la asimetría de poder. No es lo mismo un abrazo entre iguales que el gesto del jefe —sea cual sea el oficio— sobre la empleada en el minuto más expuesto de su carrera.
El reproche de fondo: el cargo y el comportamiento
Más allá del beso, hay un reproche que recorre el asunto entero: la forma de celebrar del presidente de la Federación. Abrazos y levantamientos en volandas a las jugadoras como si fueran de la familia. Un sector lo lee como cercanía; otro, como el comportamiento de alguien que no distingue su papel institucional del de un aficionado cualquiera. La pregunta incómoda ya no es qué hizo, sino quién controlaba a quién en ese palco.
Comparaciones, doble rasero y polémicas paralelas
En cuanto el asunto se hizo masivo, llegaron las comparaciones. Se recordaron episodios previos de contacto físico entre cargos públicos que no generaron ni una línea, se preguntó si la reacción habría sido la misma con los protagonistas intercambiados y se trajo a colación algún caso antiguo del mundo del deporte. La mayoría de esas analogías no resiste un análisis serio. Pero apuntan a algo cierto: la vara de medir se mueve según quién esté delante.
El fútbol femenino y el dinero que lo sostiene
Bajo el escándalo late otro debate, más viejo: cuánto cuesta el fútbol femenino y quién lo paga. Hay quien sostiene que la selección se ha promocionado con dinero público por encima de su peso competitivo y que eso discrimina al resto de deportes. Discusión interesada, con una consecuencia clara: cualquier escándalo de esta selección se lee ya en clave de gestión, no solo de anécdota.
Un asunto abierto, con el balón en el tejado de la Federación
A fecha de esta discusión, Rubiales seguía al frente del organismo y con el caso sin cerrar. Ni destitución confirmada, ni resolución sobre las reclamaciones que retiraban los vídeos. El asunto encalla donde encallan casi todos: en la diferencia entre lo que es reprobable y lo que es sancionable, y en quién tiene la potestad de decidirlo.
Pidió perdón, sostuvo que no había nada grave y ahí sigue la polémica. Los vídeos, mientras tanto, no paran de reaparecer. Al final, el dato que descoloca no es el beso: es que se hable más del borrado que del Mundial.