El ranking que encumbra Málaga, Alicante y Valencia
Málaga, Alicante y Valencia ocupan los tres primeros puestos de la lista de mejores ciudades para vivir que elabora InterNations, la mayor comunidad de expatriados del planeta. Madrid aparece séptima. Barcelona, vigésimo primera. La noticia, recogida por
Forbes, llega con una paradoja pegada al lomo: las tres premiadas figuran también entre los mercados de vivienda más tensionados de España. El enunciado, traducido con literalidad, admite lecturas que nadie buscaba —«¿de vivir de la tierra, de plantar tomates?»— pero el asunto de fondo es otro:
quién vota en estos ranking, con qué cartera y a costa de qué precios.
Qué mide el ranking de los expatriados
InterNations no es un instituto estadístico ni un organismo público. Es una red de personas que viven fuera de su país, y su encuesta mide la satisfacción de quien llega con nómina extranjera, pensión foránea o renta remota. Ahí el sol, las terrazas y el coste relativo respecto al país de origen pesan mucho.
España recibe más turistas playeros que cualquier otro país, y ese mismo imán es el que se traslada al ranking: aguas frías, corrientes y fauna se compensan con infraestructuras y seguridad, según la lectura más repetida.
El problema es que la percepción del recién llegado y la del residente medio rara vez coinciden.
Al principio todo mola: el clima, las tapas, los precios. Con los años, cuando se sale de la burbuja expatriada, la foto cambia. Esa curva de desencanto es, quizá, el dato que ningún ranking recoge.
El precio de entrar en la lista: obras en cada solar
En Málaga no queda solar sin grúa. Y eso, en términos de mercado, significa demanda sostenida y precios al alza. Hay quien cifra en un
20% la revalorización en un año de la Playa de Poniente de Benidorm, una rentabilidad que explica el apetito inversor. Una parte del análisis sostiene que buena parte del stock que quedó tras el estallido inmobiliario pasó a manos de fondos y acabó fuera del alcance del comprador nacional; con esa versión encima de la mesa, la operación redonda es vender ese stock a extranjeros con mayor capacidad de pago. Conviene recordar que se trata de una interpretación, no de un hecho acreditado.
El resultado sobre el terreno es una costa que ha cambiado de función. En Nerja, la que fue capital del espeto,
cuesta encontrar pescaíto frito al estilo de siempre. Lo que no es Parque Natural se ha construido. Y lo que era pueblo, dicen, hoy parece una urbanización uniformada más.
Los 800.000 jubilados y el diferencial de renta
El motor de fondo es puramente aritmético. Se habla de hasta
800.000 perceptores de pensiones públicas estadounidenses repartidos por el mundo, y España es destino preferente: quien vende una casa en Estados Unidos y compra aquí multiplica su capacidad de gasto. Súmese el empleado en remoto que cobra en moneda fuerte y el comprador de segunda residencia para veranear. Tres flujos distintos que pujan sobre el mismo metro cuadrado.
Ahí está la grieta. Con un salario local de 20.000 o 30.000 euros anuales, competir por vivienda en esos mercados es otra liga. Y eso, antes o después, aparece en la conversación pública.
El clima y el agua: la letra pequeña que desmonta tópicos
El relato del paraíso estival tiene contrapartidas que se exageran tanto como se niegan. Existe la idea de que Málaga vive en sequía permanente y de que el terral es una maldición bíblica. Los números que circulan en la discusión matizan ambas cosas:
unos 480 mm de pluviosidad anual en Málaga frente a los 415 mm de Madrid, y
entre dos y tres días de terral al mes en verano, no una temporada entera. Para comparar, Zaragoza registró esa misma semana 36 grados de máxima y 23 de mínima.
Con todo, el agua de Málaga no está solo en el cielo. Hay quien recuerda que el terreno calcáreo esconde galerías subterráneas y ríos que siguen corriendo en verano, de Río Verde a Ronda. La discusión, más que climatológica, es sobre qué se vende cuando se vende una ciudad.
Madrid séptima y Barcelona vigésimo primera
La lectura política del resultado es inevitable. Que Madrid quede séptima y Barcelona, vigésimo primera, alimenta dos relatos opuestos: el que sostiene que el ranking es publicidad inmobiliaria con envoltorio neutral y el que responde que un puesto en la lista es un activo económico real.
Barcelona mantiene un márketing potentísimo, pero la creciente inseguridad le ha restado turismo, y parte de ese flujo se está desviando a Málaga y Sevilla. México, quinto en la clasificación general, dispara las cejas de más de uno: ¿quién puntúa esto?
Si estos ranking movieran dinero de verdad, la presión sobre el alquiler y la compra en el litoral mediterráneo seguiría subiendo, con o sin jubilados estadounidenses de por medio. La pregunta no es si Málaga, Alicante y Valencia son buenas ciudades para vivir. La pregunta es para quién, con qué sueldo y durante cuántos años antes de que el propio éxito las expulse del ranking.