Garamendi rechaza el 4% del SMI y Trabajo responde con un correctivo
Las patronales CEOE y Cepyme han decidido no firmar la subida del
salario mínimo interprofesional (SMI) que el Gobierno puso sobre la mesa: un
4% para este año. No hubo acuerdo ni contrafirma. Y la respuesta del Ministerio de Trabajo no fue rebajar la cifra, sino todo lo contrario. El secretario de Estado de Trabajo, Joaquín Pérez Rey, advirtió de que, si los empresarios no aceptaban ese 4%, el incremento «será mucho mayor». La vicepresidenta Yolanda Díaz lo cerró con una frase que ya funciona como consigna: «El viernes vamos a subir mucho el salario mínimo».
El pulso deja al descubierto algo más incómodo que el porcentaje. Quién decide cuánto vale una hora de trabajo en este país y qué ocurre con quien no pueda pagarla.
¿Qué ha pasado con la subida del SMI de 2024?
El Ejecutivo ofreció a las patronales un alza del 4% y las patronales han decidido no sumarse al acuerdo. Con ese rechazo sobre la mesa, Díaz confirmó una subida unilateral: el SMI se elevará igualmente, sin la firma de los empresarios. El Gobierno coloca además otros dos compromisos en la misma agenda del año:
reducir la jornada laboral a 37,5 horas sin que afecte al salario y sacar adelante la Ley de Familias. Los tres frentes comparten el mismo patrón: se anuncian como derechos y se negocian con quien tiene que pagarlos.
El «correctivo» que la patronal atribuye a Trabajo
El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, acusó a Trabajo de «populismo» por intentar aplicar «un correctivo» a los empresarios que no apoyaran el incremento que proponía el Gobierno. La advertencia de Pérez Rey —que sin firma la subida sería
mucho mayor— da cuerpo a esa lectura: el no tiene premio y el sí apenas compensa.
Hay quien ve ahí presión legítima del Ejecutivo contra un bloque empresarial que lleva meses avisando de que sus márgenes no dan para más. Y hay quien ve algo más simple: una subida que sale adelante igual, con acuerdo o sin él, y una patronal que prefiere no aparecer en la foto.
La objeción de las pymes que no pueden deslocalizarse
El argumento que más se repite contra la subida no es ideológico, es contable. Casi el
90% de las empresas españolas son pequeñas y medianas; de esas, la mayoría son familiares y con muy pocos empleados. Son las que no pueden mover la producción a otro país, las que no negocian convenios con margen de sobra y las que absorben el alza por la vía de las cotizaciones. Se sostiene que, sin productividad que lo acompañe, el golpe llega al que menos cobra y al que menos preparado está.
La objeción tiene respuesta al otro lado de la mesa: si una empresa no puede pagar 1.200 euros, lo mejor para el mercado es que cierre y que su cuota la recoja un competidor que sí pueda. Con los mismos costes, sostiene esa tesis, la concentración empresarial juega a favor del asalariado, porque un trabajador cualquiera prefiere una gran compañía con salarios y condiciones decentes antes que un negocio diminuto con reglas propias.
La jornada de 37,5 horas que aún no llega
El recorte de jornada sin pérdida de salario sigue en el aire, y esa distancia entre el anuncio y el Boletín Oficial alimenta el escepticismo. El año arrancó con la promesa y, de momento, sin la norma: quien esperaba menos horas y el mismo sueldo comprueba que la agenda va por detrás del titular.
Mientras, el coste laboral ya está moviendo decisiones. En el sector tecnológico se relatan ajustes de plantilla por tramos —unos trescientos puestos apuntados desde noviembre y la vista puesta en otros tantos antes del verano— atribuidos al encarecimiento de la estructura y a la incertidumbre regulatoria. La reducción de jornada, cuando llegue, se encontrará con plantillas más cortas que las que había cuando se prometió.
Cuánto cobra de verdad un asalariado al SMI: la comparativa europea
Portugal tiene un salario mínimo que no llega a 800 euros y las empresas cruzan la frontera con esa referencia en la mano. En Francia, el SMI son 1.767 euros brutos en 12 pagas, que en neto quedan en 1.398; en España, 1.055 euros netos en 14 pagas, equivalentes a 1.229 si se pasan a 12. La distancia con Holanda, Suiza, Reino Unido o Estados Unidos se mide en múltiplos, y ahí entra el detalle que desarma comparaciones rápidas: no es lo mismo subir el suelo salarial en una economía de renta alta que en una que juega en otra liga.
Con esos diferenciales, la pregunta deja de ser cuánto sube el SMI y pasa a ser cuánta estructura productiva lo sostiene. El PIB por habitante español ronda los
30.000 dólares; el danés, 68.000; el indio, 2.250. Un país que crece sumando gente reparte una tarta algo mayor entre más comensales, y el que cobra el mínimo nota el alza en el recibo mucho antes que en el banco.