El 11% de ADN norteafricano que desmonta el mito de la España eterna
La idea era tan absurda que se sostenía sola: desmontar El Escorial y enviarlo piedra a piedra a Japón. Antes de descartarla, conviene reparar en un dato que los defensores de la pureza prefieren omitir. El componente genético norteafricano de la población española alcanza hasta el 11% en regiones como Galicia y Portugal, según investigaciones citadas a lo largo de esta controversia. Esa huella se fecha entre los años 860 y 1120, plena época de Al-Ándalus.
Ocho siglos de mezcla incómoda
La presencia islámica se extendió del 711 al 1492. Ajedrez, tres en raya, Averroes, Avicena. Hay quien sostiene que todo eso corresponde a la población hispanorromana, no al invasor. La genética, en cambio, muestra una población mestiza que no encaja con el relato de la esencia inmutable. El 11% es, según cómo se mire, una mota de polvo o la prueba de que España nunca fue un bloque cerrado.
La ocurrencia de Japón no cuajó, pero tampoco hizo falta: hubo quien recordó que allí ya acabó la marca de guitarras Ibáñez, y quien lo tomó como señal de que todo acaba fuera de casa.
El Tesoro de Villena y el miedo al despojo
La chispa final llega con el Tesoro de Villena, presuntamente fundido por Wilson Pacheco y Moha, según la información difundida. Si una joya arqueológica ha podido acabar en la fundición, la pregunta sobre quién protege el patrimonio deja de ser teórica.