El Tesoro de Villena desaparece: roban las 66 piezas originales
El Tesoro de Villena, el conjunto de orfebrería más importante de la Prehistoria en la Península Ibérica, ha sido sustraído del museo que lo albergaba. No era la réplica que la ciudad mostró durante años: eran las piezas auténticas, 66 en total, de oro, plata, ámbar y hierro, con unos diez kilos de peso y una factura fechada en torno al año 1.000 antes de Cristo. El golpe sitúa la seguridad del patrimonio arqueológico español en el centro del debate, aunque la noticia circula con más cuentagotas de lo que cabría esperar.
Una réplica como señuelo y un museo nuevo
Durante largo tiempo, Villena exhibió una reproducción del tesoro mientras el original se guardaba protegido. Hace dos años, con la inauguración del actual Museo de Villena, las piezas reales pasaron a ocupar las vitrinas. Es decir, el señuelo cumplió su función mientras duró, pero el cambio de ubicación convirtió el museo en un objetivo mucho más goloso. Los datos del robo, con detalle de las piezas y su peso, apuntan a que quien entró sabía exactamente qué buscar.
La sombra de la fundición
La primera hipótesis que circula es la más pesimista: que el oro ya haya sido fundido y convertido en lingotes, lo que haría irrecuperable el valor histórico. La posibilidad de que las piezas hayan salido de España no es descartable, sobre todo cuando hay precedentes de cargamentos de monedas romanas e íberas interceptados en alta mar, como el del yate Vita. Si el objetivo era el material, el valor arqueológico queda reducido a cero.
Preguntas sin respuesta
No se entiende cómo un museo con cámaras, alarmas y testigos puede sufrir un robo de esta envergadura sin que se sepa nada. La exigencia de ver las grabaciones de seguridad es unánime. Las sospechas de que el robo fuera un encargo, o directamente un trabajo interno, ganan peso a medida que pasan las horas sin explicaciones. De momento, el Tesoro de Villena es una baja patrimonial de primer orden, y la investigación, a la espera de pruebas, no ha dado con los responsables.
Si las piezas aparecen, será un golpe de suerte. Si no, España habrá perdido no solo diez kilos de oro, sino una página entera de su historia. Y nadie, desde las instituciones, ha dado todavía una explicación que tranquilice.