Rabat mira al 23-J y da por hecho que Feijóo no rectificará
¿Va a cambiar algo la relación de España con Marruecos después del 23-J? En Rabat se da por sabido que no. La prensa de los dos principales países del Magreb sigue las
elecciones generales españolas del
23 de julio con un interés inusual, y el resumen que se extrae de sus análisis es siempre el mismo: el próximo Gobierno, gobierne quien gobierne, no rectificará la línea con Rabat. La formulación que más ha circulado lo dice sin rodeos: Marruecos aguarda el 23-J confiando en que Alberto Núñez Feijóo no rectifique, y lo justifica por el
bienestar de España.
El indicador más llamativo de ese seguimiento es lingüístico. Las intervenciones del presidente del PP sobre la futura relación con el Magreb circulan por las redes sociales
subtituladas en árabe. Ríos de tinta en la prensa marroquí y argelina, vídeos traducidos, resúmenes para consumo interno: probablemente ningún político español había sido traducido tantas veces a ese idioma.
Qué espera Marruecos de las elecciones del 23-J
La lectura dominante al otro lado del Estrecho es que España tiene poco margen de maniobra y que quien llegue a La Moncloa lo comprobará pronto. No hay amenaza en los términos, pero sí la constatación de una asimetría: las demandas marroquíes en lo económico, lo social y lo territorial, se sostiene, irán a más en lugar de a menos. El interés por la cita electoral no es curiosidad, es el seguimiento de una negociación que se da por abierta.
Hay una segunda corriente, más dura con el relato oficial, que niega que exista ninguna razón estructural para esa asimetría. Todo sería cuestión de voluntad política. El ejemplo que se repite: a una dirigente del PP se le preguntó si Marruecos es o no una dictadura y respondió que ella
no habla de política internacional. La conclusión que se extrae es que en el partido existe una instrucción informal de no incomodar a Rabat.
Por qué se da por hecha la continuidad con el PP
El escepticismo es transversal. Se argumenta que un Ejecutivo del PP con mayoría absoluta ya mantuvo la línea con Marruecos sin introducir cambios, así que no hay motivo para esperar otro guion. La comparación se usa como prueba de que la política hacia el Magreb funciona como un consenso de Estado que sobrevive a las mayorías.
Otra parte del análisis coloca el eje en Vox. La tesis es que solo un peso parlamentario decisivo de Vox podría enderezar el rumbo, y que, sin él, populares y socialistas coincidirían en la continuidad antes que aceptar un giro. Se llega a sostener que un entendimiento entre los dos grandes partidos sería preferible, para ambos, a dejar gobernar a Vox.
Las cartas que Marruecos tiene sobre la mesa
El análisis económico es el más desarrollado. Marruecos se está desarrollando a marchas forzadas, con factorías —muchas de capital español— que se instalan allí, un sector agroalimentario que compite con el español en los mismos mercados y una posición privilegiada en sus relaciones con Estados Unidos y Francia. A eso se suma su rearme, ligado a su conflicto con Argelia por el Sáhara y a una guerra futura que se da por previsible.
En el capítulo migratorio, el argumento que circula es que la presión se mantiene contenida mientras Rabat no tenga interés en soltarla, lo que se lee como una palanca más. Y el marco general que se repite es el del chantaje: se sostiene que la dependencia alcanza al Gobierno español, a buena parte del Congreso y a tres cuartas partes del Parlamento europeo. Frente a eso, la objeción más repetida: no todo empezó con este Ejecutivo, la cesión viene de lejos.
Ceuta, Melilla y el agua: los frentes que se citan
También se citan episodios concretos. En los mensajes más difundidos se afirma que el Gobierno ha destinado
cinco millones a potabilizar agua en Marruecos mientras negaba lo mismo a Murcia, y se le reprocha la gestión de las presas y de los desembalses de las eléctricas en plena sequía. Son afirmaciones que circulan sin verificación y que no pueden darse por buenas; lo que sí reflejan es el clima del que sale la tesis del chantaje.
En el terreno territorial, la comparación se lleva a Ceuta y Melilla: se discute si Rabat se atrevería con un gesto de fuerza y se responde que no, que su estrategia es la presión sostenida y no el choque. La pregunta que sobrevuela todo es qué ocurre si el 23-J no cambia nada.
Con este mapa, la conclusión más honesta es que casi nadie espera novedades: continuidad, presión gradual y alguna cesión más. Si el 23-J cambia algo, lo sabremos antes en árabe que en español.