Los BRICS y el dólar: un pulso que se repite desde 2009
Que los BRICS abandonen el
dólar por completo en tres años es la última promesa que circula por los mentideros económicos. La noticia, aireada por un canal de información económica, ha vuelto a encender el debate sobre el fin de la hegemonía del billete verde. Y no es la primera vez. Desde que el grupo se fundó en 2009, cada cierto tiempo resurge la misma cantinela: que si el petrodólar se cae, que si los países emergentes van a crear su propia moneda, que si Occidente está noqueado. La novedad, esta vez, es el contexto: una guerra en Europa, una inflación que no da tregua y un club que ha pasado de cinco miembros a diez.
El petrodólar, ese contrato que cumple cincuenta años
El origen de todo está en un acuerdo que cumplió medio siglo: el que ató la venta de petróleo al dólar. Arabia Saudí no habría renovado el contrato con Estados Unidos, según se comenta en los círculos financieros. Ese pacto, vigente desde los años setenta, obligaba a comprar el crudo en dólares y sostenía la demanda global de la divisa. Sin él, el castillo se tambalea. «Lo de que los moros van a dejar de vender el petróleo en dólares es todavía más antiguo, lo llevamos escuchando desde que entró el euro en vigor en 1999», recuerda un escéptico. La fecha no es baladí: el euro nació, en parte, para disputar esa primacía.
Ahora bien, que el acuerdo no se renueve no significa que el dólar desaparezca de las transacciones. Significa que deja de ser obligatorio. Y ahí está la grieta. Los países productores pueden elegir en qué divisa cobran. China, por ejemplo, lleva años firmando contratos en yuanes con Arabia Saudí y con otros productores. El movimiento no es nuevo, pero se acelera.
¿Cuánto pesa realmente el dólar en las reservas mundiales?
Los datos que manejan los analistas sitúan al dólar como moneda de reserva en torno al 60% de las tenencias oficiales de divisas del mundo. El euro, por su parte, representa alrededor del 20,5%. Son cifras que, a primera vista, parecen inamovibles. Pero el 20,5% del euro ya es una brutalidad de pasta gansa, como señala un analista, porque hablamos del mundo entero. La pregunta es si ese 60% puede erosionarse en tres años. La respuesta corta es no. La respuesta larga es que la tendencia importa más que el plazo.
«El dólar es una moneda sin ningún tipo de respaldo, vale lo que vale porque vale lo que vale», sentencia otro contertulio. La afirmación es discutible, pero recoge el malestar de fondo: la deuda federal estadounidense supera los 34 billones y los intereses podrían duplicarse en 2041, según un artículo citado. Esa espiral deficitaria es el argumento que usan los agoreros para justificar el declive. «No es ya que esa deuda es impagable, es que las finanzas de la unión están quebradas», añade otro.
La trampa de la moneda única: nadie quiere ceder el control
El obstáculo real para el proyecto BRICS no es Occidente, sino ellos mismos. «Ningún país quiere ser moneda de comercio, referencia o reserva. Ser moneda de reserva implica ciertas limitaciones y condiciones que solo uno de ellos puede cumplir, pero no quiere: China», apunta un análisis. Es el problema clásico del equilibrio de poder. Una moneda común exige renunciar a la máquina de imprimir billetes, ceder soberanía monetaria y aceptar reglas fiscales. Ningún gobierno se aviene a eso si no es a cambio de algo muy grande.
Mientras tanto, la expansión del club es un hecho. De cinco miembros en 2009 se ha pasado a diez en 2024, y una cuarentena de países habrían mostrado interés en adherirse, hasta el punto de que las candidaturas se habrían paralizado por colapso. «Los BRICS+ en su informe te dicen que son casi la mitad de la población mundial y el 40% del PIB mundial», resume un participante. Son cifras que impresionan, aunque conviene recordar que el PIB se mide en dólares, precisamente la moneda que quieren dejar de usar.
¿Habrá una guerra por el control de la moneda?
La sombra de un conflicto bélico planea sobre el debate. «El inmenso ejército de Estados Unidos está para proteger el sistema económico que sustenta al dólar. Si las potencias mundiales se salen del sistema, son un mal precedente y no lo pueden tolerar», sostiene un mensaje. Es la tesis del imperio que no acepta perder la hegemonía. Otros van más allá y hablan de que la tercera guerra mundial es inevitable, de que se están decidiendo los bandos. La historia, sin embargo, ofrece ejemplos de transiciones monetarias sin hecatombe: el declive de la libra esterlina tras la Segunda Guerra Mundial no provocó un conflicto global, aunque sí muchos conflictos locales.
Lo que sí parece claro es que el proceso no será en tres años. «Cuando los BRICS firmen una alianza militar vinculante, vienes y nos lo cuentas. Cuando renuncien a sus máquinas de imprimir billetes para adoptar una moneda común, vienes y nos lo cuentas», desafía un escéptico. La pelota está en el tejado de los BRICS. Y el tejado tiene muchas tejas.
El análisis se atasca en un punto: nadie sabe qué pasará cuando el dólar deje de ser imprescindible. Unos creen que será el fin de Occidente. Otros, que el dólar es un cáncer metastásico que no se puede extirpar sin matar al paciente. La única certeza es que el reloj de los tres años ya ha empezado a correr. Otra cosa es que alguien lo mire.