Le suben 63 euros de sueldo y dice que cobra 9 menos: el IRPF se come el aumento
Un forero cuenta que este año su nómina trae una paradoja: un aumento de sueldo de 63 euros brutos que, según él, se traduce en 9 euros menos en la cuenta. No es un error del departamento de recursos humanos ni una trama de la empresa, según los intervinientes. Es la progresividad del IRPF, que aplica un tipo mayor a cada euro adicional y eleva la retención media sin que el trabajador haya cambiado de tramo de renta. El caso, planteado en un foro de economía por un asalariado con un bruto cercano a los 2.000 euros, ha desatado un intercambio de cálculos, correcciones y reproches que resume una de las paradojas más incómodas del sistema fiscal español.
Qué ha pasado: de un 10,12% a un 13,26% de retención
El afectado lo cuenta con pelos y señales: antes de la subida le retenían un
10,12% de IRPF; después, un
13,26%. Más de tres puntos de golpe para un incremento salarial de 63 euros. Su conclusión es amarga: «cobro 9 euros menos que el pasado año». Y añade que, para un sueldo de poco menos de 2.000 euros brutos, Hacienda se lleva casi el 20% de la nómina, más las aportaciones empresariales.
La primera reacción de varios intervinientes es negar la mayor: «si te suben el sueldo no puedes cobrar menos, nunca, el IRPF se aplica por tramos no por la totalidad del bruto». Es la respuesta estándar, la que se aprende en cualquier manual. Pero el propio manual admite el matiz: la progresividad hace que el aumento bruto no se refleje en un aumento proporcional del neto. Y en ciertos casos, con deducciones que cambian o mínimos exentos que no se actualizan, el neto puede caer.
La explicación técnica: tramos, mínimo exento y efecto de la progresividad
El IRPF no se aplica sobre el total, sino por tramos. Cada euro adicional tributa al tipo marginal del tramo más alto en el que esté el contribuyente. Si alguien está en el tramo del 37%, cada euro de subida se queda en 63 céntimos. La retención en nómina es una media ponderada de todos esos tramos, y por eso sube cuando sube el sueldo.
Ahí está la clave que explica el caso: no es que el trabajador haya saltado a un tramo superior, es que la media de retención se recalcula al alza. Un interviniente lo ilustra con la imagen de los vasos comunicantes: los tramos bajos se llenan primero y el aumento se vierte en el más alto. Otro añade un factor que suele pasarse por alto: el mínimo exento de declarar no siempre se ha actualizado al ritmo del SMI, lo que ha pillado a algunos contribuyentes por sorpresa.
Hay quien sostiene que el salto de tres puntos es demasiado grande para una subida moderada y apunta a un posible error de la empresa o a una horquilla mal aplicada. La respuesta más repetida es que el ajuste real llega en la declaración de la renta: si la retención fue excesiva, Hacienda devolverá la diferencia. O no.
El contexto: inflación, tramos congelados y pérdida de poder adquisitivo
El caso individual se enmarca en un malestar más amplio. Los tramos del IRPF llevan años sin deflactarse, mientras los precios han subido con fuerza. El resultado es una subida encubierta del impuesto: con el mismo
poder adquisitivo, se paga más. Un interviniente lo resume con crudeza: «los tramos IRPF siguen los de la época de Rajoy, con la vida un tercio más barata».
A eso se suman las subidas de precios cotidianos que varios enumeran: el alquiler de la cochera, la luz, la póliza de decesos, el combustible, la leche, el pan, el pescado. «Todo», dicen. Y una pregunta que se repite: ¿cuál es la razón política de esta subida de IRPF? ¿Qué uso se le va a dar? ¿O es simplemente más dinero para la saca?
La respuesta oficial, según algunos, es que España va como un cohete, con menos paro que en años y la mejor economía del mundo. La respuesta de la nómina es otra.
Las posturas: entre el «es imposible» y el «es el socialismo»
El intercambio refleja tres corrientes. La primera, técnica: el IRPF es progresivo, un aumento bruto nunca reduce el neto, y si ocurre es por deducciones o retenciones mal calculadas. La segunda, política: la presión fiscal ha subido, los tramos están congelados y el Gobierno lo llama éxito económico. La tercera, resignada: «el año que viene te harán otro aumento y cobrarás todavía menos».
Hay también quien apunta a la cuota de solidaridad intergeneracional para las pensiones, que subió el año pasado y este año iba a subir algo más, como posible causa del salto en la retención. Y quien recuerda que el primer año en una empresa, si se entra a mitad de año, la retención puede ser mínima, y al siguiente llega el susto.
El caso no está cerrado. La retención en nómina es una estimación; el ajuste definitivo llega con la declaración. Hasta entonces, la paradoja sigue ahí: más bruto, menos neto. ¿Es un error de cálculo, un efecto de la progresividad o una subida encubierta de impuestos?