Barrancas borra un tuit sobre okupación y violencia machista
Un colaborador de televisión borra un tuit. Hasta ahí, nada. El problema es lo que decía el tuit y quién lo borró: Damián Mollá, el titiritero que da vida a Barrancas en un programa de máxima audiencia, había comparado las viviendas okupadas con las mujeres asesinadas por violencia machista. La Cadena SER se hizo eco del borrado y el asunto escaló en cuestión de horas. No por el tuit en sí, sino por lo que revela: que en España hay temas donde ni el humor tiene salvoconducto.
El mensaje original no defendía la okupación ni negaba los asesinatos. Establecía una analogía estadística: si se puede minimizar un fenómeno por su baja incidencia porcentual, el mismo rasero debería aplicarse a otros. El problema es que ese rasero, aplicado a según qué temas, activa alarmas. Y el que las activa, borra.
Qué decía exactamente el tuit borrado
La comparación era simple: las viviendas okupadas y las mujeres asesinadas por violencia machista comparten un denominador común, el porcentaje reducido respecto al total de casos. Si un fenómeno se minimiza por su baja frecuencia, el otro también debería serlo. La diferencia es que uno tiene cobertura mediática constante y el otro, según esta lectura, se silencia.
Hay quien sostiene que la analogía es pertinente porque ataca el sesgo estadístico, no la gravedad del asunto. En contra pesa el argumento de que equiparar un delito contra la propiedad con un homicidio banaliza el segundo. La discusión no es nueva, pero el borrado le dio una vuelta de tuerca: el que se retracta no es el que compara, sino el que teme las consecuencias.
Por qué borrar el tuit fue peor que publicarlo
La retirada del mensaje desató más comentarios que el mensaje original. Si el tuit era defendible, borrarlo equivale a admitir que no lo era. Si no lo era, publicarlo fue un error. En ambos casos, el borrado convierte al autor en alguien que se pliega a la presión, no en alguien que rectifica.
El cálculo es sencillo: un tuit polémico se olvida en días. Un tuit borrado se convierte en noticia. La Cadena SER lo convirtió en noticia. Y a partir de ahí, el debate dejó de ser sobre la analogía para ser sobre la libertad de expresarla.
La doble vara de medir en los medios
Una parte del análisis sostiene que existe un doble rasero: hay opiniones que se pueden verter sin consecuencias y otras que exigen retractación inmediata. No es una tesis nueva, pero el episodio la ilustra con precisión. El mismo medio que amplifica un borrado ha defendido en otras ocasiones la libertad de expresión de sus colaboradores.
El argumento contrario es que no todas las opiniones merecen el mismo tratamiento. Comparar la okupación con el feminicidio no es lo mismo que criticar una política fiscal. La cuestión es quién decide qué es aceptable y qué no. Y esa decisión, en la práctica, la toman las audiencias y los anunciantes.
El efecto disuasorio sobre el humor y la opinión
El episodio deja una lección incómoda: el humor y la opinión tienen un perímetro cada vez más estrecho. Un titiritero que trabaja en un programa de entretenimiento no debería ser el termómetro de lo que se puede decir, pero lo es. Su borrado envía un mensaje a otros: mejor no meterse en según qué charcos.
La autocensura es más eficaz que la censura porque no necesita verdugo. Basta con que el autor se anticipe al castigo. Y en un país donde un tuit puede costarte el puesto, la anticipación es la norma.
Con estos mimbres, lo previsible es que el asunto se enfríe y vuelva a surgir en la próxima polémica. Lo que no está claro es si el borrado fue un error táctico o una rendición estratégica. Cada cual que juzgue.