Menores en Ceuta: “solo volveré a Marruecos con los pies por delante”
La sentencia la pronuncia un menor y suena a ultimátum. “A Marruecos solo volveré con los pies por delante”, advierte mientras en Ceuta se acumulan entre 7.000 y 8.000 personas en tránsito, con unos 2.000 menores no acompañados ya instalados en la playa del Trampolín, con agua, comida, baños y duchas. Las autoridades no tienen forma humana de desalojarlos.
El efecto llamada en cifras
La demografía juega en contra: los cálculos apuntan a unos 200 millones de menores en África en ese rango de edad. Para parte del análisis, el mensaje es claro: en España se tiene de todo, como resume un menor: “En Marruecos no tengo casa, no tengo dinero, no tengo nada. En España tengo de todo”. Mientras el contraste sea tan brutal, la presión no cesará.
Entre el miedo y la resignación
Las posiciones se polarizan: unos piden que la frontera sea disuasoria hasta el extremo; otros responden con ironía que “habrá que concederle el deseo”, ante quien dice que volverá muerto. En paralelo, un vídeo de un asalto a una tienda, grabado fuera de Ceuta, se difunde como aviso de los riesgos. No es de la ciudad autónoma, pero refuerza a quienes exigen mano dura.
La predicción: ni el efecto llamada ni las demandas de medidas contundentes van a desaparecer. Y el coste de convertir la frontera en un muro de miedo sigue sin cuantificarse por nadie.