Concejala de la CUP denuncia ola de insultos machistas y racistas por un vídeo sobre el matadero de Moià
Un vídeo en el que una concejala de la CUP de Moià critica la ampliación del matadero local ha desatado una polémica que poco tiene que ver con la infraestructura municipal. La protagonista, Lakshmi Roset Sala, ha denunciado haber recibido centenares de mensajes machistas y racistas que atacaban su físico y su origen. La paradoja: muchos de esos mensajes provenían de sectores que se atribuyen la defensa de la identidad española, pero que no dudaron en recurrir a los estereotipos más burdos.
Qué ha pasado con la concejala de la CUP en Moià
Roset Sala, nacida en 1995, es regidora de la CUP en el municipio barcelonés. Hace unos días compartió un vídeo en el que se oponía a la ampliación del escorxador (matadero) local. Según el diario ARA, el vídeo acumuló «centenares de mensajes masclistes» que se centraban en su aspecto físico y en su afiliación política. La propia concejala se plantó y denunció públicamente la situación, destacando que el acoso no venía del debate político sino de un machismo explícito.
El contenido de los insultos: sexismo y racismo
Los comentarios no tardaron en llegar. En lugar de rebatir sus argumentos sobre el matadero, muchos usuarios optaron por burlarse de su nombre, «Lakshmi», que sugiere un origen indio, y de sus rasgos. Se la describió con epítetos denigrantes que mezclaban la cosificación sexual con la xenofobia. El lenguaje utilizado intentaba reducirla a un objeto y a un estereotipo étnico, una combinación que se ha repetido en múltiples casos de acoso a mujeres políticas. La facilidad con la que se pasa del debate público al ataque personal es un síntoma preocupante de la deriva del discurso político en España.
El contexto del acoso a las mujeres en política
El caso de Moià no es aislado. Las mujeres en política, especialmente en formaciones de izquierdas o independentistas, se enfrentan a un hostigamiento desproporcionado en redes sociales. La CUP, en particular, ha sido blanco de campañas de desprestigio. Lo paradójico es que estos ataques vienen de sectores que condenan el feminismo pero que practican el machismo más rancio. La ironía se vuelve aún más evidente cuando se observa que la propia Roset Sala estaba defendiendo una posición municipal concreta, no haciendo política de alto nivel. El hecho de que una concejala no pueda expresar su opinión sin recibir insultos sobre su cuerpo y su origen plantea preguntas sobre el estado de la democracia digital.
La concejala ha demostrado que plantarle cara es una opción, pero cada vez más mujeres políticas cargan con un coste personal que no debería ser parte del sueldo. ¿Hasta cuándo la crispación política justificará este tipo de discursos? El debate sobre el matadero de Moià quedó sepultado bajo una montaña de desprecio, y con él, la posibilidad de discutir asuntos públicos sin que la persona se convierta en el objetivo.