Colón: debate sobre su origen genovés o judío tras un anuncio en TV
Un programa de televisión sostiene que Cristóbal Colón era judío y hablaba catalán. Fuera de ahí, en Japón, China, Dinamarca, Australia y Canadá los libros de historia seguirán diciendo lo mismo: genovés. La diferencia no está en el método, está en el medio. Un experto publica su tesis en pantalla y no en una revista de reconocido prestigio científico. Con ese aval, la hipótesis entra en el debate público con la misma fuerza que un titular de portada.
La reacción mayoritaria en los mentideros de historia es de escepticismo. No por patriotismo, sino por orden lógico: primero se desmontan hipótesis durante una hora con detalle y después se saca de la manga el origen judío sin justificación alguna. El ADN aparece como prueba estrella y como prueba ausente a la vez. Nadie discute que la genética pueda aportar algo; se discute que se anuncie en televisión y se cierre el caso.
Qué dice el ADN y qué no dice
El hallazgo que más ha circulado es un análisis genético que sitúa a Colón como judío sefardí de Europa occidental. La filtración llega vía redes sociales, con el formato de noticia de última hora. Hasta ahí, el dato. El problema es que un marcador genético no te da una lengua materna, ni una nacionalidad, ni una biografía. Da una probabilidad sobre un pool de población. Y ese pool, en el siglo XV, incluía comunidades sefardíes repartidas por media Europa.
Hay quien sostiene que el ADN solo confirma lo que los documentos ya insinuaban: que Colón ocultaba su origen. En contra pesa el argumento de que ocultar no es lo mismo que falsear, y que la ocultación era práctica común entre conversos y entre comerciantes con pleitos pendientes. La genética no resuelve el expediente; lo reabre.
Por qué Colón escribía en castellano y no en italiano
El argumento filológico es el más sólido de todo el material. Colón escribía en perfecto castellano de la época, nunca en ningún dialecto italiano, ni siquiera para comunicarse con su familia. La correspondencia con sus hermanos está en castellano. En latín cometía errores que eran hispanismos. Cuando escribía en latín, su sintaxis era hispánica. Eso no prueba nacionalidad, pero descarta la italianidad cómoda.
El italiano no existía como lengua estandarizada en 1492. En Génova se hablaba ligur. Un comerciante genovés escribía en latín, en francés o en castellano si hacía falta. Ese matiz desmonta la objeción fácil de «si era genovés, escribiría en genovés». No, no escribiría en genovés. Pero tampoco escribiría en castellano con la soltura de un nativo si no lo fuera.
La hipótesis gallega o portuguesa gana enteros
En los escritos de Colón se han detectado anotaciones en un gallego aportuguesado. Esa es la hipótesis que ha ido cobrando más fuerza entre quienes trabajan con los documentos originales. No es una teoría de sobremesa: es una huella lingüística. El castellano de Colón tiene rasgos que no son castellanos, y esos rasgos apuntan al noroeste peninsular.
La teoría del Colón genovés también fue un caballo de batalla del socialista Benito Mussolini. Ese dato, incómodo para algunos, explica por qué la italianidad de Colón se convirtió en política de Estado en la Italia de entreguerras. No invalida la hipótesis, pero contextualiza su auge.
Quién reivindicó a Colón y por qué
Colón cayó en el olvido. En el siglo XVIII nadie se acordaba de él. Empezó a ser reivindicado durante las independencias americanas, empezando por la de Estados Unidos, precisamente por ser una figura no ligada a las potencias colonizadoras. La popularización definitiva corrió a cargo de la comunidad italoamericana, que recurrió a Colón para reivindicar su propia americanidad frente a los WASP, que les despreciaban como católicos del sur de Europa.
Ese origen explica el tono del Columbus Day. No es una fiesta de la hispanidad. Es una fiesta de la italianidad en América. Y por eso los italoamericanos seguirán celebrando la italianidad de Colón aunque el ADN diga otra cosa. Nadie renuncia a un símbolo identitario por un marcador genético.
El descubrimiento no fue cosa de un hombre
El cartógrafo era español, Juan de la Cosa. Las tripulaciones eran casi enteramente de españoles, con algunos portugueses y griegos. En la primera expedición iba Luis de Torres, judío converso, como traductor de árabe. La idea de llegar a las Indias navegando hacia el oeste ni siquiera fue de Colón: la planteó Toscanelli, y solo pudo plantearla porque recogió el mito español de la Isla de Antilia, punto intermedio necesario entre Europa y Asia.
Por eso Colón fue escuchado en los reinos españoles y no en Portugal. Los navegantes españoles estaban familiarizados con ese mito. Era una fantasía de la tierra. En Portugal no le hicieron caso porque ya se estaban forrando con la ruta por África. El descubrimiento fue posible por un ecosistema, no por un genio solitario.
El dato que descoloca
Entre que Colón sea genovés o judío y valenciano, la preferencia mayoritaria es la primera. No por convicción histórica, sino por coste reputacional. Un genovés al servicio de Castilla es una anomalía administrativa. Un judío valenciano que oculta su origen para no ser quemado es una novela. Y las novelas, en historia, necesitan más pruebas que las anomalías.