Terracitas de Mercadona: autoservicio que amenaza a bares y restaurantes
Si una familia no llega a 20 euros para comer fuera, su opción es un bocadillo. Esa es exactamente la grieta por la que quiere colarse Mercadona con sus terracitas de comedor autoservicio. Mientras la hostelería tradicional sube precios y los ayuntamientos miran hacia el turismo, la cadena de supermercados estudia dar un paso más en la comida preparada: mesas al aire libre, autoservicio total y bares en el punto de mira.
El espejo portugués: diez años de restaurante real en un supermercado
El modelo que se atribuye a Mercadona no es nuevo. Pingo Doce lleva como mínimo una década con restaurante dentro de sus supermercados en Portugal, y no precisamente de trámite: sala enorme, empleados, catering propio y entre 8 y 9 platos diarios, con pizzas, ensaladas y pastas hechas en el momento. El café se sirve y se paga a precios que en España suenan a ciencia ficción: 0,90 euros, y un bocadillo entre 1,70 y 2. El agua corre gratis. No hay comparación posible con la zona de microondas que hoy ofrecen muchas cadenas españolas; la comparación con un restaurante de verdad, sí.
La referencia portuguesa desmonta el argumento de que esto es solo un pasillo con dos máquinas. Cuando se habla de terracita autoservicio, se habla de un operador que compite de frente con el bar de barrio: mismo café, mismo bocadillo, misma tertulia, pero con la estructura de costes de una gran superficie. Y eso, en un país donde una familia que come por 20 euros no puede afrontar un restaurante, es un misil.
Quinta gama y categorías administrativas: el nuevo campo de batalla regulatorio
La cuestión de fondo es la quinta gama, esos platos que llegan al lineal ya cocinados y solo esperan al microondas. Una corriente de análisis sostiene que la comida callejera y de puestos puede ser higiénica y barata, pero en España se restringe por razones políticas y administrativas. La propuesta que se abre paso es segregar a los “quintagamistas” de la restauración clásica: que quien solo recalienta tenga un rótulo propio, algo así como “Recalentados Paco”, y no compita bajo las mismas reglas que quien tiene cocina. De paso, quedaría hueco para el vending de producto caliente, ensaladas y pizzas automáticas.
Si esa línea prospera, Mercadona no entra en la guerra de los restaurantes; entra a ocupar una categoría nueva que aún no tiene nombre. Y la hostelería tradicional quedaría al otro lado de la barrera, con una normativa pensada para protegerla y una competencia que no necesita cocina.
De la necesidad a la queja: la comida preparada no convence a todos
No todo son parabienes. La calidad de esos platos genera recelos serios: etiquetas con ingredientes interminables, un color que más de uno no se atreve a describir y una carne con sabor “fortísimo” que, según quien la probó, casi provoca arcadas. El consumo, empero, se sostiene. Hay tiendas donde las pocas mesas disponibles se llenan a determinadas horas y la zona de comida preparada tiene público habitual. La necesidad aprieta más que el paladar.
En Cataluña, Bonpreu/Esclat ya ha instalado mostradores de comida preparada con mesas, microondas y cubiertos. El sistema, como se señala, va hacia adelante y lo lógico es que otras cadenas se sumen. La diferencia entre que esto sea una moda o un terremoto estará en los detalles: empleados, platos variados, bebidas y postres. Sin eso, la terracita no pasa de ser un banco en el pasillo del supermercado.
La política municipal, el último juez
Uno de los argumentos más crudos del asunto apunta a los ayuntamientos: la alianza entre intereses hoteleros y hosteleros habría empujado el modelo de ciudad turística, con pisos de uso turístico impulsados y restauración popular encarecida. En ese contexto, que una gran superficie ponga terracitas no es solo una decisión comercial; es un desafío a la ordenación de la ciudad y a quién tiene derecho a servir café sin pagar el peaje del local de barrio.
La pregunta queda abierta: si funciona en Portugal con precios portugueses y empieza a funcionar en Cataluña, ¿aguantarán los bares españoles un autoservicio de Mercadona con terraza, wifi y horario de supermercado? El que pierda no será el cliente. O eso dicen los números, mientras los alcaldes deciden si ponen la alfombra roja o la zancadilla.